La educación de las mujeres en la antigua China

En segundo lugar, las ONG de mujeres en la China carecen de mecanismos efectivos, transparentes e inclusivos para su participación significativa en los procesos de adopción de decisiones. La ACWF ha jugado el rol clave en la promoción y defensa de políticas en muchos asuntos de las mujeres y programas de desarrollo. La educación era algo raro en la antigua sociedad china. Esto se debe a que los niños no eran enviados a las escuelas. Los padres preferían tener a sus hijos trabajando en los campos, cultivando arroz, mijo, vegetales, cuidando el ganado y atendiendo a sus hermanos, que perdiendo el tiempo en la escuela. Respecto a las mujeres chinas el artículo publicado en la revista El Mundo Pintoresco el 26 de septiembre de 1858 y firmado por el escritor y periodista Javier del Palacio en el que bajo el título <Costumbres Chinas.Educación de las mugeres>, nos ilustra y pone en antecedentes respecto a la situación de la mujer en China, al final reproduce unas frases o máximas de un filósofo chino en ... La historia de la educación se ciñe a la división de las edades del hombre.En los inicios de la Edad Antigua hay que situar las concepciones y prácticas educativas de las culturas india, china, egipcia y hebrea. Durante el primer milenio a.C. se desarrollan las diferentes paideias griegas (arcaica, espartana, ateniense y helenística). El mundo romano asimila el helenismo también en el ... 3. Una educación solo para hombres. Sin embargo, además de la barrera económica que existía entre ricos y pobres a la hora de estudiar, la educación en la antigua China estaba reservada por ley únicamente a los hombres.Las mujeres no tenían permitido ir a la escuela, ya que su función en la sociedad china tradicional era la de casarse y ser buenas esposas y madres. La carrera por lograr una vacuna contra el covid-19 ha dejado en suspenso la comercialización de este anticonceptivo. Fay Taylour: La mujer que amaba la velocidad pero terminó perseguida. Si bien abrió camino a las mujeres en los deportes tuerca, la corredora se convirtió en un ser temido por su cercanía con el Nacional Socialismo de Hitler. LA EDUCACIÓN EN CHINA ANTIGUA Características. El pueblo chino se atribuye orígenes fabulosos de una antigüedad remotísima (su historia conocida parece abarcar unos 3.000 años antes de Cristo) y modificó muy poco su carácter hasta comienzos del siglo XX. Algunas mujeres recibían suficiente educación para convertirse en médicos (sólo para el tratamiento de pacientes de sexo femenino), pero nunca podían ser profesoras o políticos, porque a las mujeres en la antigua China no se les permitió actuar y hablar libremente con los hombres. Durante la dinastía Han (206 a.n.e.-220 d.n.e.) el modelo familiar aristocrático se universaliza en la sociedad china de manera que todas las capas sociales asumen como propios valores familiares procedentes de las clases altas; en la dinastía Song (960-1127) se recorta la capacidad económica de las mujeres al quitársele el derecho a la ... La educación en China comienza por la influencia de las obras clásicas Chinas, no por las organizaciones religiosas. En antigua China, el emperador nombraba a los funcionarios educados para administrar el país, en la dinastía Sui, se estableció el sistema de exámenes Imperiales (en el colegio imperial Guozijian, todavía situado en Beijing ) para seleccionar a los candidatos a ...

Resumen de toda la Izquierda.

2017.09.02 23:39 SubotaiKhan Resumen de toda la Izquierda.

ADVERTENCIA: Este thread es largo, y no cuenta con un TL;DR al final. Lo siento mucho :(
EDIT: Me estan haciendo responder en el nombre del socialismo a sus preguntas, que me hace pensar que cuando haga un post sobre la derecha me van a hacer defender a Hitler y a Pinochet.
A raíz de mi thread anterior de politica, varios usuarios me preguntaron por mensaje privado mas info sobre corrientes socialistas. No soy socialista, pero supongo que un socialdemócrata puede cooperar de todas formas con aquellos que quieran saber mas. Así que me tome una semana en armar este thread. Mi idea es hacer posteriormente uno similar sobre la derecha, y si alguien quiere cooperar en ello, bienvenido sea.
Tomen este thread a modo de enciclopedia, no hace falta leérselo todo. Pero agradecería que antes de criticar o sugerir algo, lo lean. Ya me paso con el thread anterior que varias personitas lo criticaron sin haberlo leído, y me saco de quicio.
Le faltan algunas ideologías muy regionales, como por ejemplo Guevarismo, Polpotismo, Castrismo y otras ideologías eponimas. Pero seria ya demasiadoooooo trabajo D:
Agarren sus ushankas, sus botellas de vodka y pan relleno, que esto es laaaargo.
MARXISMO.
Este thread tiene que empezar con Marx. Y si sos de centro o de derecha y estas ya revolviendo los ojos, quédate un poco conmigo que puede que encuentres algunas cosas en la que vas a estar de acuerdo con Marx, y podes seguir siendo un cerdo burgués imperialista neoliberal menemista nazista neofascista después de todo.
Carlos Alias “el Barba” Marx leyó por mucho tiempo al filósofo conservador Hegel, de que le robo algunas ideas. (No sería el único filosofo bigotudo alemán que haría lo mismo. Nietzsche le robaría a Hegel su famosa frase de “Dios esta muerto”)
Que decía Hegel? Bueno, proponía algo llamado “dialéctica”, que sostiene que cosas como los pensamientos filosóficos van siendo moldedados por dos fuerzas opuestas. Primero tenemos una tesis, después una antítesis que rechaza la primera formulación, y finalmente la síntesis, es decir, la convergencia de estas dos fuerzas. Si uno mira la filosofía desde sus inicios hasta la contemporaneidad, puede notar que usualmente existía alguien que proponía, por ejemplo, que el conocimiento de la realidad solo puede ser obtenido por medio de la razón (Racionalismo de Descartes), a lo cual le siguieron gente que decía que la realidad solo se entiende gracias a la experiencia de cada uno (Empirismo de Hume), pero posteriormente, venia algún filosofo que conciliaba estas dos ideas, como era Kant, diciendo que ambas se complementaban.
Esta lucha de opuestos es la que toma Marx para su idea de la lucha de clases, la tesis es la clase opresora, la antítesis es la clase oprimida, y la síntesis es el resultado de esta lucha, una nueva sociedad producto de la revolución.
Y Marx utiliza la historia para explicar este fenómeno, a lo cual se le llama Materialismo histórico. Patricios y plebeyos, nobles y burgueses, burgueses y proletariado. Sus luchas provocaron el fin del dominio de la clase dominante según lo decía Marx.
Bueno, pero porque lo llama materialismo?
Materialista no significa que le gusta la plata y los regalos caros. No. Significa creer que la sociedad sienta sus bases en la clase de economía que una sociedad tiene. Si tu medio de producción es el feudalismo, vas a tener familias de 20 personas viviendo todos en una casa y trabajando la tierra para mantener al señor feudal y poder cosechar lo suficiente para la familia. Si tenes un sistema industrial, no vas a necesitar tanta gente, puede que con que solo trabaje el hombre de la casa basta, mientras la mujer se queda con los chicos criándolos para que puedan ser trabajadores en el futuro. En definitiva: Los medios de producción son la razón por la cual una sociedad es como es, la economía (la infraestructura como lo define Marx) define a la sociedad y la política (superestructura).
Es entonces, que con la dialéctica histórica, los oprimidos vencerán a los opresores. Esta es la evolución de la historia, de manera tal que el proletariado (proletariado viene de proles, es decir, que su única función en la vida es reproducirse para añadir más mano de obra) va a levantarse en contra del sistema, tal como hizo la burguesía contra la nobleza en la revolución francesa.
Marx no se lo podría definir como un “activista”, como una simple persona que le daba pena la gente trabajadora y por eso escribía las cosas que escribía. No, Marx era un sociólogo y filósofo, un científico de las ciencias sociales, que sostenía que todo esto era natural, el socialismo no es una fuerza opositora al capitalismo, sino el resultado de este. De esta manera sostiene que la gran revolución socialista no ocurriría en la Rusia Zarista, un imperio que en aquel entonces era una sociedad feudal, sino en Inglaterra, máximo exponente del capitalismo. En algún momento, por culpa de las contradicciones del mismo capitalismo, el sistema colapsaría, y de ahí se tornaría la sociedad capitalista en socialista, y posteriormente en una comunista. (Para saber la diferencia entre esos dos términos y como es que la revolución rusa surgió entonces, seguí leyendo)
Carlitos también nos da otros conceptos, como la plusvalía. Esta sería la ganancia que se queda el burgués, descontando todo lo que costo hacer el producto. Marx se pregunta porque es el burgués quien se queda con la mayor ganancia, cuando el trabajador recibe una ínfima parte, y es el quien da su fuerza de trabajo para producir los productos. Esta situación, que Marx lo considera una distorsión de la naturaleza humana, en la que el trabajador no recibe nada de las ganancias de lo que el mismo produce, se la llama alienación, y es esta contradicción del capitalismo la que llevaría consecuentemente al fin del mismo sistema.
SOCIALISMO y COMUNISMO
Con todo esto en mente, los socialistas son un AMPLIO grupo de ideologías diferentes, todas continuadoras de una manera u otra del trabajo de Marx. Todas concuerdan sin embargo que los trabajadores deben tomar en sus manos los medios de producción. El comunismo sería que, en virtud de que los trabajadores mismos controlan todo, la existencia del Estado se vuelve superflua, y entonces desaparecería el Estado debido a su inutilidad, no solo desaparece el Estado, sino las clases sociales y el dinero. Como lo dije en el anterior thread, NUNCA existió un Estado Comunista, porque sería un oxímoron, como decir un Estado Anarquista o una república monárquica.
Esta transición llamada socialista, del sistema capitalista al comunista es lo que sostienen todos los marxistas clásicos. Sin embargo, ciertos movimientos anarquistas de izquierda sostienen que no debe o se requiere tal transición, con una revolución basta.
LENINISMO: Como imagino que se darán cuenta, es originado en el pensamiento de Lenin en la primera etapa de la URSS, y como deben saber, la revolución rusa no fue formada por medios pacíficos, sino con el uso de la fuerza. Esta corriente cree en una democracia centralista. ¿Que es esto? La idea de que las opiniones y decisiones políticas nacen del consenso absoluto, y no de la deliberación individual de cada uno, y todos deben seguir esta idea acordada. ¿Cómo se alcanza un acuerdo? Por medio de la concientización de clase, de instruir a los proletarios en su lucha, tarea que debe ser realizada por el partido de la vanguardia, la clase política más avanzada y concientizada que instruye, pero no lidera, a los menos instruidos.
-Historia resumida: Lenin esta por morir, y deja la Unión Soviética en manos de León Trotsky, advirtiendo además de que Stalin es un sorete que hará lo que sea posible para llegar al poder. Cosa que finalmente ocurre, por lo cual León escapa a México, se pone de novio con una uniceja, y termina siendo asesinado por orden de Stalin-
MARXISMO-LENINISMO: Es la ideología que invento Stalin, que contaba con varias modificaciones que un marxista ortodoxo estaría de acuerdo. Básicamente propone dos cosas fundamentales:
1- La revolución socialista en un solo país, como contraposición a lo que Lenin y Trotsky sostienen, de una revolución internacional que derroque al capitalismo. El argumento de esta postura es que se debe consolidar el socialismo en un país, para después ayudar a la revolución socialista mundial. Esto implico que Stalin no apoyo causas revolucionarias en otros países, por eso no intervino en la Guerra del Corea. Si hubo intervencionismo ideológico en otros países, sobre todo en los países limítrofes, pero la finalidad era estratégica, era crear estado tapón (Véase la cortina de hierro​ o telón de acero) o disminuir la influencia de occidente.
2- El partido de la vanguardia debe asumir el liderazgo convirtiéndose en un sistema de partido único. Si parecía que existía una dictadura antes, ahora iba a haber efectivamente una dictadura.
De la ideología de Stalin, nace el Hoxhaísmo, que se define como continuadora, lo que le lleva a estar a favor del Maoísmo solo cuando Mao era cercano a Stalin, y volverse crítica del mismo cuando este se distancia. Además se opone contra todo tipo de revisionismo. Sostiene que cada país debe conseguir la revolución y gobierno socialista por sus propios medios. Critica a todo socialismo excepto el albano, al que lo considera el verdadero marxismo ortodoxo.
TROTSKISMO: León rechaza todo esto. Trotsky, para gran alivio del mundo capitalista, no llego al poder, porque de haberlo hecho, habría alentado revoluciones socialistas en todo el mundo, y no se habría detenido en el socialismo estatal burocrático que tenía Stalin (apodado como Estado degenerado de los trabajadores) cosa que Trotsky denunciaba como contrario al marxismo. La idea central de Trotsky es la revolución permanente, la idea de no detenerse, ni en el dónde ni el ahora, todo país capitalista debía transformarse en socialista, y los socialistas debían seguir en revolución hasta lograr el comunismo, es decir, una sociedad sin estado, dinero ni clases.
MAOISMO: La china comunista se distancia de Stalin, aunque mantiene algunos aspectos, como la idea del partido único y el socialismo en un solo país, pero estaba en contra de la centralización y del culto a la personalidad. También incluye otras ideas como la de Trotsky, la idea de una revolución permanente, que se realizó por otras revoluciones en el país
-La revolución cultural: Su finalidad era acabar con las diferencias entre las masas populares y el Partido, consistiendo en erradicar la cultura china de todas las influencias burguesas y anti socialistas, y se lo hizo de diversas maneras, como fue la destrucción de todo lo relacionado con el confucianismo, filosofía que apoyo el sino centrismo que tanto tiempo China conservó, el aislacionismo y creencia de que China es el centro del mundo, lo que género que fueran humillados por occidente en el conflicto de los Boxers y la Guerra del Opio. Esta revolución se llevó a cabo no solo quemando libros, censurando o matando gente, sino que se hizo también una migración de la población: Todo aquel intelectual, burgués, universitario y hasta funcionario político que nunca hubiese trabajado la tierra, fue obligado a trasladarse al campo para hacerlo. Además, se alentó a los jóvenes a que se opusieran a sus padres y maestros, a todas las enseñanzas de la antigua y milenaria China, se los sumó a las filas de los Guardias Rojos, quienes se organizaban para cometer actos de vandalismo (tanto de particulares como de museos, librerías e instituciones académicas) y persecución de quienes se oponían a los ideales socialistas.
-El Gran Salto hacia adelante: Proponía a diferencia de Stalin, una economía basada en la agricultura más que en la industria, y por ello se propusieron varias medidas en el país para radicalizar y llevar la revolución a los granjeros. Esto incluyó la “brillante” idea de matar diversos insectos y pájaros que consideraban una plaga, y la de producir más hierro que Gran Bretaña, y para ello se metió cualquier tipo de metal al horno, de mala o buena calidad, hierro chatarra hasta los utensilios de cocina y las herramientas de trabajo del campo. Esto, como se imaginaran, produjo hambrunas, y consecuentemente la mayor cantidad de muertes que un ser humano allá provocado. Por esta razón se dice que Mao mato más gente incluso que el Gran y todopoderoso Genghis Khan. (entre 18.000.000 y 32.500.000 personas, según distintas fuentes)
-Denguismo: Después de la muerte de Mao, Deng Xiaoping sucedió en el poder, y aunque era socialista, el proponía una mirada más pragmática a la revolución, y sosteniendo que no abandonaba la ideología de su antecesor, abrió China al mercado capitalista y lo modernizó todo, además creó el sistema de “un país, dos sistemas”, que crea esta inusual forma de gobierno que tiene hoy en día Hong Kong y Macau.
COMUNISMO PRIMITIVISTA: Se considera que las sociedades recolectoras-cazadoras no tienen jerarquías, divisiones sociales o un mercado como las sociedades capitalistas, por lo tanto, son las ideales.
COMUNISMO DE IZQUIERDA: No, no existe comunismo de derecha, solamente es un movimiento comunista que desconoce a la burocracia de los Estados socialistas (o mejor dicho, del marxismo leninismo), diciendo que esta clase de burocracia pertenece a la derecha, y que en el verdadero comunismo que sigue las ideas de Marx, se abogaría por la reducción del Estado, no su incremento. Este movimiento es influido por Rosa Luxemburgo.
Sostienen que todos estos Estados Socialistas que surgen en la guerra fría, son en realidad Estados Capitalistas. Están no solo en contra de la democracia, sino que consideran incluso a las uniones sindicales como reaccionarias o conservadoras. y por supuesto, apoyan la revolución mundial.
Una variante de esto es el Bordigismo, que estaba a favor de la democracia centralista de Lenin, y su vanguardismo, solo que este no votaria en elecciones parlamentarias, y se dedicaría a preservar los principios aceptados por los miembros, y buscar la cooperación con los demás. Ademas proponía que aunque se logre la eliminación de las clases y el estado, debería seguir existiendo una administración central no democrática que controle la sociedad, compuesta unicamente por aquellos mas aptos para el trabajo.
LUXEMBURGUISMO: Doña Rosa también se opone al nacionalismo y la represión del socialismo soviético, y está a favor de un socialismo internacional, proclamando que todos los trabajadores deben unirse y luchar contra sus opresores, haciendo en conjunto huelgas masivas. Ella propone que los trabajadores deben emanciparse ellos mismos, sin necesidad de un partido vanguardista.
COMUNISMO CONSEJISTA: Este se inspira en los escritos de Rosa Luxemburgo, y se opone a al comunismo de partido, y sostiene la creación de organismos auto organizados de la clase obrera, conscientes de su papel histórico. Esto difiere de los partidos de vanguardia, ya que el consejismo no busca dirigir o adoctrinar, sino aportar su experiencia a los obreros del mundo en su lucha contra la burguesía.
Otra distinción importante es que ellos creen en un movimiento obrero que unifique la lucha en todos los sectores de la sociedad, no solo en lo laboral, sino político, económico y social, un frente unido.
SOCIALISMO AUTOGESTIONARIO: Prominentemente en la Yugoslavia de Tito. Supone que el pueblo debe participar en las distintas comunidades cercanas a la vida cotidiana colectivizada, como los gremios, los grupos locales, las empresas (si, aceptaban la propiedad privada de medios de producción y en servicios, pero con restricciones, este sistema es social y se limita a aquello que no sean los servicios y empresas estatales.) y a niveles políticos superiores de los Estados, esto lo llama tricameralidad, o el sistema político en el que el poder legislativo se estructura en tres cámaras :
-Cámara baja o Parlamento cuyo objetivo es la representación ideológica a través de los partidos políticos.
-Cámara alta o Senado cuyo objetivo es la representación territorial en estados de tipo federativo/confederativo.
-Cámara socio-económica o laboral, cuyo objetivo es la representación laboral a través de los sindicatos.
Todas estas comunidades conforman una planificación descentralizada, opuesta al sistema burocrático soviético, e incluso se permite el capital extranjero invirtiendo en el país.
Abogaba además por una solidaridad internacionalista, en vez del internacionalismo proletario. No debe existir un dirigismo de otros movimientos socialistas, sino solidaridad con los distintos movimientos.
Entienden que el socialismo se ajusta de manera distinta a cada lugar donde se desarrolle, así que es flexible y más tolerante con otros movimientos socialistas en el mundo.
Además de Yugoslavia, este sistema se lo ve en el sionismo socialista, los kibutz que existen todavía. (Unrelated fact: Tengo una cliente israelita que vive en un kibutz. Parece bastante normal todo)
STRASSERISMO: El ala izquierdista del partido nazi que fue purgada por Hitler en la noche de los cuchillos largos. Strasser, su ideólogo, sostenía que se debía disolver no solo la sociedad capitalista, sino la industrial, proponiendo retornar al campo. También se propone la nacionalización de la economía alemana, con la finalidad de des proletarizar a la población, es decir, dejar de ser obreros para ser agricultor. Están en contra de los partidos políticos, de la censura, y a favor de un gobierno federal y centralizado.
NACIONAL BOLCHEVISMO: Realmente no puedo explicar esto. Son literalmente nazis comunistas, y Wikipedia me ayuda a penas aclarar que son.
“El nacional-bolchevismo es una corriente ideológica surgida en la década de 1920, ​como un intento de combinar la lucha social anticapitalista con el nacionalismo, tendencia que estuvo presente en diversos movimientos políticos alemanes y, en cierto modo, en determinados miembros del Partido Bolchevique ruso.
Según algunos autores, se trata de una ideología esencialmente fascista, mientras que otros lo consideran a medio camino entre el fascismo y el leninismo, ​por la combinación de su glorificación del Estado como guardián de la unificación de las tradiciones nacionales con la movilización social y el colectivismo, propios de un sistema socialista”
“El nacional-bolchevismo moderno es un movimiento dispar y a veces contradictorio, ya que se considera que integra las más diversas corrientes políticas, principalmente por las alianzas que se dieron en Rusia entre la extrema izquierda y la extrema derecha. Algunos analistas consideran el nacional-bolchevismo moderno como la expresión de la unión del neofascismo con el comunismo soviético”
Alexandr Dughin resume así al nacional-bolchevismo:
“Si liberamos al socialismo de sus aspectos materialistas, ateístas y modernistas, si rechazamos los aspectos de la Tercera Posición como el racismo y el nacionalismo corto de miras, llegamos completamente a una nueva ideología política. La llamamos la 'Cuarta Teoría Política [...] Su elaboración comienza del punto de intersección entre las diferentes teorías antiliberales del pasado (comunismo y Tercera Posición), acabando en el nacional-bolchevismo que representa el socialismo sin materialismo, al ateísmo, al progresismo, al modernismo y a las teorías de la Tercera Posición sin racismo y nacionalismo”
Funfact: El famoso ajedrecista Gary Kasparov es un dirigente del partido Nacional Bolchevique.
JUCHE: Corea del Norte. No podría llamarse ideología, ya que implica un cambio en toda la sociedad. Sostienen que las personas son responsables de su destino, y por lo tanto, son todos responsables del mantenimiento del Estado Socialista. Es sobre todo un movimiento patriótico y aislacionista, o mucho mejor expresado por el mismo Kim Il-Sung: "la independencia política, autosuficiencia económica y autodefensa militar".
Obviamente no es tan “el pueblo es el que gobierna” en la práctica, ya que Corea del Norte se gobierna bajo su Supremo Lider. Fun fact: El calendario Juche tiene su año 1 con el natalicio de Kim Il-Sung.
POSADISMO: Nuestro aporte al pensamiento socialista. Un argentino trotskista, llamado Juan Posadas, dijo que los extraterrestres estaban entre nosotros, y que estos eran mucho más avanzados que nosotros, y por lo tanto tenían una sociedad comunista, eran internacionalistas interplanetarios, ergo nuestros compañeros que nos ayudaran a lograr el comunismo mundial.
…Además de que hablan del socialismo traicionado de Trostky, y de que se requiere un nuevo orden socialista mundial, que según esta ideología está ganando terreno hoy en dia, que luchara contra el capitalismo con todo lo que tenga, incluso armas nucleares si hace falta.
SOCIALISMO DEMOCRÁTICO: Busca llegar a una sociedad socialista por medios democráticos. Varia de igual manera la definición de democracia… los más moderados creen en la democracia capitalista, mientras que otros sostienen establecer una democracia “real” por medios revolucionarios.
SOCIALISMO DEL SIGLO XXI: Actualmente en Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia. El cambio de paradigma del siglo anterior, como la muerte del bloque comunista, hace necesario replantear el socialismo en el mundo, y es por ello surge este nuevo socialismo. Su tesis es que el camino más expedito para alcanzar la sociedad más justa a la que todos anhelamos, se consigue con una alianza entre el socialismo y el liberalismo, una vez que el socialismo haya dejado a un lado al estatismo y el liberalismo haya dejado a un lado al capitalismo.
Esta ideología se sustenta en cuatro ejes: el desarrollismo democrático regional, la economía de equivalencias, la democracia participativa y protagónica y las organizaciones de base.
Desarrollismo democrático regional: Con bloques integracionistas como el Mercosur. Aca entra también la idea del bolivarianismo y la Patria Grande.
Economía de equivalencias: Propone lo que denomina una economía de valores fundado en el valor del trabajo que implica un producto o servicio y no en las leyes de la oferta y la demanda.
Democracia participativa y protagónica: La revolución debe ser democrática, sin uso de la violencia. Y esta democracia debe ser directa o al menos semi indirecta, con plebiscitos y referendums.
Organizaciones de base: Aquellas organizaciones cercanas a la comunidad, que agrupan a las personas en pos de lograr la coordinación de las masas, descentralización y autogobierno de la sociedad.
-Con todo esto de ideologías convirtiéndose en dictaduras, uno se pregunta que paso con la idea original de Marx del Comunismo, una sociedad sin Estado. Bien, ese es el problema que tiene la izquierda y una de las muchas razones por las cuales hay tanta desunión. Algunos movimientos decidieron abandonar la idea del socialismo y se volvieron capitalistas reformados, otros son fervientes anarquistas. Estas son sus ideologias-
SOCIAL DEMOCRACIA: Básicamente es el revisionismo extremo marxista, que, viviendo en Europa, durante la Guerra fría, y viendo las cosas que la URSS hacía, decidió que el socialismo no era tan buena idea, pero seguía criticando al capitalismo. ¿Resultado? Un sistema capitalista, Estado de Bienestar, ocupándose de temas como la educación, la salud y demás. Esta ideología prosperó enormemente en Europa y fue la mejor idea que se le ocurrió a occidente para evitar que los trabajadores cayeran en el extremismo del fascismo o el socialismo.
Se lo suele llamar “capitalismo humanizado” o incluso “socialismo de derecha”, aunque en realidad no buscan en lo absoluto la destrucción del capitalismo, sino que ven en a este modelo al mejor sistema para proveer riquezas a la sociedad. Los países nórdicos son el ejemplo Nº1 de esta ideología.
SOCIALISMO LIBERTARIO: Es un termino que agrupo varios movimientos socialistas o anarquistas. Están a favor de una mínima o ninguna intervención estatal, a favor de la industria y comercio comunitario. La gente se regula sola, y es la gente quien regula el comercio. No necesariamente están en contra de la propiedad privada y el dinero, sino en contra de las empresas privadas de la misma manera que se oponen al Estado.
ANARCO COMUNISMO: Volviendo al concepto puro de comunismo. Una sociedad sin clases ni dinero, donde existe una democracia directa, una sociedad horizontal, y asociaciones de trabajadores voluntarias, y una repartición de la riqueza basado en el principio de “de cada cual, según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”. Difiere del comunismo clásico, ya que ellos están en contra del Estado Socialista, la revolución debe destruir el capitalismo y dar pie al comunismo, sin nada en el medio.
ANARCO SINDICALISMO: Similar al anterior. Son los sindicatos de trabajadores al poder, donde la democracia es directa y la sociedad es organizada por la industria, y no el comercio. Esta ideología propone que sean las uniones de trabajadores, y no los partidos políticos, quienes derriben al capitalismo.
ANARCO FEMINISMO: Creen que las mujeres serán finalmente libres cuando acaben con el capitalismo y el estado, expresiones de la dominación masculina, o patriarcado.
ANARCO ECOLOGISMO: No hace falta aclarar mucho, solo que muchos de ellos suelen estar incluso en contra de todo tipo de industria y tecnología, abogando por un anarco primitivismo, es decir, volver a ser una sociedad cazadora – recolectora.
ANARCO PACIFISMO: La abolición del Estado nos llevara a la paz según esta ideología, ya que es el Estado quien genera violencia, tanto como propia, como la impropia.
COLECTIVISMO: Similar al anarco comunismo, sin embargo, ellos no se oponen a la remuneración, pero creen que debe existir una propiedad colectiva de las empresas, por lo tanto, uno no podría crear una empresa con la remuneración percibida por el trabajo. Difieren entonces en que cada uno debe percibir no de acuerdo a sus necesidades, sino a su trabajo aportado.
MUTUALISMO: Aceptan el libre mercado, siempre y cuando estos sean administrados por los mismos trabajadores, y ellos sean responsables por las mismas compañías. Son reformistas y se oponen a la violencia para alcanzar la anarquía.
Porque hay tantos movimientos de izquierda? Por que no hay unidad? Es dificil de saber con exactitud porque. Mi teoria es que, debido a que el socialismo nunca logró arraigarse definitivamente, y su surgimiento nunca fue orgánico, sino por medio de la revolución, no se logró concretar la unidad. Cada corriente tiene su propia idea de como lograr esta sociedad utópica, y se reinventa acorde a las experiencias y condiciones sociales, economicas y politicas donde se desarrolla. Al capitalismo le paso algo similar en la revolución francesa, existieron varias ideologías en lucha, hubo purgas, guerras, imperialismo y todo como en el socialismo del siglo pasado, solo que sus ideas trascendieron efectivamente, y llegaron a tierras donde no existían monarcas y era mas facil ser burgués (las colonias).
El capitalismo evolucionó ahora, nunca se quedo en lo que era después de la primera revolución industrial, ya no tenemos solo proletarios, sino consumidores, distintas profesiones liberales, y un dinamismo social que evita en ocasiones el resentimiento de la clase obrera. Le es más difícil a la izquierda unirse y tener un gobierno estable como lo era antes. Puede que vivamos una revolución mundial socialista, pero como decía Marx, tal cosa iba a suceder después de que el capitalismo se viniera abajo orgánicamente, producto de sus propias contradicciones, y no porque un partido político llegue al poder proclamándose representante del pueblo.
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2016.06.07 03:00 ShaunaDorothy Los imperialistas estadounidenses restablecen relaciones diplomáticas - ¡Defender las conquistas de la Revolución Cubana! ¡Por la revolución política obrera en Cuba! (Marzo de 2015)

https://archive.is/ozkKB
Espartaco No. 43 Marzo de 2015
El siguiente artículo ha sido traducido de Workers Vanguard No. 1059 (9 de enero), periódico de nuestros camaradas de la Spartacist League/U.S.
Durante más de medio siglo, los imperialistas estadounidenses han intentado incansablemente derrocar la Revolución Cubana y restaurar el dominio del capital en la isla: desde la invasión de Playa Girón (Bahía de Cochinos) en 1961 hasta los constantes intentos de asesinar a Fidel Castro, y de las provocaciones terroristas de la CIA y los gusanos del exilio cubano hasta actos de sabotaje. Ahora la Casa Blanca de Obama ha anunciado su intención de “cambiar de curso” con Cuba y restaurar relaciones diplomáticas, es decir, busca conseguir el mismo fin estratégico a través de medios más efectivos. Fue a raíz de la expropiación por el gobierno de Castro de la clase capitalista de la isla en 1960, lo que trajo tan enormes conquistas para las masas cubanas, que Washington rompió relaciones con La Habana.
Lo que se propone es relativamente modesto: relajar diversas restricciones de viaje, autorizar algunas ventas y exportaciones comerciales y facilitar las transacciones bancarias entre los dos países. El paralizante embargo estadounidense, un acto de guerra económica que por décadas ha estrangulado a los obreros y campesinos cubanos, se afloja pero no se levanta. Obama dice que sin la aprobación del Congreso no puede derogar las leyes Torricelli y Helms-Burton. Tras el colapso de la Unión Soviética en 1991-92, lo que terminó con la crucial ayuda económica y militar a Cuba, estas leyes apretaron el embargo. Promulgadas bajo el demócrata Clinton, buscaban “desatar el caos en la isla”. ¡Abajo el embargo!
Desde el punto de vista de los marxistas revolucionarios, Cuba tiene derecho a establecer relaciones diplomáticas y económicas con cualquier país capitalista que desee, sobre todo para intentar superar el muy real problema de su estancamiento económico. Aumentar los vínculos comerciales y financieros con las corporaciones estadounidenses no significaría una restauración progresiva del capitalismo. Sin embargo, esto implicará un peligro muy real de fortalecer las fuerzas internas de la contrarrevolución capitalista en la isla.
Mientras tanto, la presencia de una base naval y centro de detención y tortura estadounidense en la Bahía de Guantánamo —donde hay unos 130 prisioneros de la “guerra contra el terrorismo” de EE.UU.— es un recordatorio de que Cuba sigue en la mira militar del imperialismo. Aunque el año pasado fueran liberadas decenas de prisioneros, Obama no está dispuesto a cerrar ese calabozo, ni mucho menos a devolver Guantánamo a Cuba. ¡Estados Unidos fuera de Guantánamo ahora!
El deshielo en las relaciones entre los dos países se dio tras más de un año de negociaciones, albergadas por el gobierno canadiense e impulsadas por el Vaticano. Como los anteriores directores generales del imperialismo estadounidense, Obama tiene con respecto a Cuba intenciones abiertamente revanchistas. Bajo su presidencia, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) —notoria por haber trabajado con la CIA desde principios de los años 60— ha fraguado diversos planes contrarrevolucionarios para sembrar descontento proimperialista en la isla. Una conspiración reciente incluía la infiltración de grupos clandestinos de hip-hop cubanos con la intención de detonar un movimiento juvenil contra el régimen.
Como parte del reciente acuerdo, Obama liberó a los últimos tres de los Cinco Cubanos que seguían bajo custodia tras haber sido condenados en 2001 bajo cargos falsos de espionaje y conspiración para cometer asesinato. La libertad de los Cinco Cubanos, hombres que heroicamente intentaban impedir actos terroristas en Cuba infiltrando y monitoreando a los grupos de cubanos exiliados en Florida, debe celebrarse. A cambio, el presidente cubano Raúl Castro devolvió a dos espías estadounidenses, el ex agente de inteligencia cubano Rolando Sarraff Trujillo —quien facilitó el arresto y la incriminación de los Cinco Cubanos— y el contratista de la USAID Alan Gross, quien fuera enviado a Cuba para introducir de contrabando equipo de cómputo y comunicación para espionaje.
La Liga Comunista Internacional siempre ha luchado por la defensa militar incondicional de Cuba frente a la amenaza de la contrarrevolución capitalista interna y el ataque imperialista. Esto fluye de nuestro entendimiento de que Cuba es un estado obrero donde el capitalismo fue derrocado. Sin embargo, desde su origen ha estado burocráticamente deformado, es decir, una burocracia parasitaria monopoliza el poder político. La base material de esta burocracia es la administración de la economía colectivizada en condiciones de escasez.
La eliminación de la producción para la ganancia, junto con el establecimiento de una planificación central y el monopolio estatal del comercio y la inversión exteriores, le permitió a Cuba garantizar a todos empleo, vivienda y educación. Hasta la fecha, Cuba tiene uno de los índices de alfabetización más altos del mundo y una tasa de mortandad infantil inferior a la de Estados Unidos o la Unión Europea. Su célebre sistema de salud, con más médicos per cápita que los de cualquier otro lugar, ofrece gratuitamente atención médica de calidad superior a la de muchos países avanzados. Los médicos cubanos han salvado vidas en todo el mundo y regularmente se les envía a ayudar a las víctimas de desastres, incluyendo la crisis del ébola en África. Es un testimonio de la superioridad de la economía colectivizada el que una isla pequeña y relativamente pobre haya sobrevivido por tanto tiempo bajo las paralizantes sanciones económicas y provocaciones militares de la bestia estadounidense, a menos de 150 kilómetros de sus costas.
En su discurso del 20 de diciembre donde anunció a la Asamblea Nacional de Cuba el reacercamiento con Estados Unidos, Raúl Castro advirtió contra las “terapias de choque” o la aceleración de las privatizaciones como recurso para revivir la estancada economía del país, lo que, dijo, significaría “arriar las banderas del socialismo”. Pero el socialismo es una sociedad igualitaria y sin clases basada en la abundancia material a escala internacional. Mientras un estado obrero esté aislado, se verá sujeto a la enorme presión del mundo capitalista circundante, presión que lo socavará y terminará por destruirlo. El destino de Cuba y su avance al socialismo dependen de la lucha por el poder proletario en toda Latinoamérica y el resto del mundo, especialmente en Estados Unidos.
Desde el principio, la política de la burocracia castrista de La Habana ha demostrado ser un obstáculo a esta perspectiva. Siguiendo los pasos de la burocracia estalinista de la antigua Unión Soviética, el régimen cubano se comprometió con el dogma nacionalista de construir el “socialismo en un solo país”. Esto ha significado oponerse a las posibilidades de revolución fuera de la isla. A principios de los años setenta, Fidel Castro abrazó al gobierno de frente popular de Chile encabezado por Salvador Allende, cuyo propósito era decapitar la amenaza de una revolución obrera y desarmar políticamente al combativo proletariado, pavimentando el camino al sangriento golpe de estado militar de Pinochet. Una década después, cuando los pequeñoburgueses sandinistas de Nicaragua derrocaron a la opresiva dictadura de Somoza haciendo añicos al estado capitalista, Fidel les aconsejó que no siguieran el camino cubano de expropiar a la burguesía. Los castristas siempre han promovido regímenes nacionalistas burgueses, lo que incluye la glorificación del fallecido caudillo populista venezolano Hugo Chávez como un supuesto revolucionario.
Así, la defensa de la Revolución Cubana está directamente ligada al llamado trotskista por una revolución política proletaria que derroque a la burocracia castrista y ponga en el poder a la clase obrera, estableciendo un régimen basado en la democracia obrera y el internacionalismo revolucionario. Esto requiere forjar un partido de vanguardia leninista-trotskista que movilice a las masas trabajadoras cubanas en lucha.
Depredaciones imperialistas y “reformas de mercado”
Como era de esperarse, el relajamiento de las restricciones respecto a Cuba enfureció al nido de víboras anticomunistas del exilio cubano y sus criaturas, como el senador de Florida Marco Rubio. En cambio, fue celebrado por vastos sectores de la burguesía, incluyendo a la patronal Cámara de Comercio y a los voceros de los medios de comunicación capitalistas. En los últimos meses, el New York Times ha llamado repetidas veces a levantar el embargo. Considerando contraproducente y anticuada la beligerante política estadounidense, una editorial de la revista Forbes (16 de enero de 2013) señaló: “Tiene poco sentido mantener un embargo permanente sobre una nación en desarrollo que avanza hacia la reforma, especialmente cuando los aliados de Estados Unidos son hostiles al embargo. Impide que cobre vida una discusión más amplia sobre una reforma inteligente en Cuba y económicamente carece de sentido”.
El gobierno de Obama ha proclamado que desea una Cuba “democrática, próspera y estable”, lo que para él significa devolver a la isla a su estatus neocolonial mediante la restauración del capitalismo, introducir inversiones redituables para los gobernantes de EE.UU. basadas en la mano de obra barata e instalar un régimen político dócil. Los capitalistas europeos y canadienses han podido penetrar en el mercado cubano mediante su participación en empresas mixtas y esperan inundar el país con importaciones baratas. Varias corporaciones de la Fortune 500, incluyendo a Caterpillar, Colgate-Palmolive y Pepsico, temen haberle cedido este mercado a sus competidores.
Es mucho lo que está en juego: en última instancia, o la única economía socializada de Latinoamérica triunfa mediante la extensión internacional de la revolución, o la contrarrevolución capitalista convierte nuevamente a Cuba en el patio de juegos de la burguesía estadounidense. En La revolución traicionada (1936), el dirigente revolucionario marxista León Trotsky describió la situación que enfrentaba el estado obrero degenerado soviético, es decir, aquella de verse rodeado por economías capitalistas más avanzadas industrial y tecnológicamente. Trotsky escribió: “Pero en sí misma, la pregunta ¿quién triunfará?, no solamente en el sentido militar de la palabra, sino ante todo, en el sentido económico, se le plantea a la URSS a escala mundial. La intervención armada es peligrosa. La introducción de mercancías a bajo precio, viniendo tras los ejércitos capitalistas, sería infinitamente más peligrosa”. Esta observación es relevante con respecto a los peligros que Cuba enfrenta hoy.
Durante treinta años, Cuba se benefició de grandes subsidios soviéticos. En la última década, se ha apoyado mucho en la Venezuela capitalista como su principal socio comercial, obteniendo de ella petróleo barato. Pero esta situación es precaria, pues la propia Venezuela enfrenta una grave crisis como consecuencia de la caída mundial de los precios del petróleo, está acosada por la inflación y recientemente fue golpeada por nuevas sanciones vengativas de Estados Unidos.
Cuba nunca se recuperó del todo de la severa crisis que sufrió tras la restauración del capitalismo en la Unión Soviética. Desde el llamado “Periodo Especial” de principios de los años noventa, la burocracia cubana ha abierto el país a la penetración económica imperialista, entregando a través de “reformas de mercado” sectores de la economía colectivizada a empresas privadas a pequeña escala. Ésta y otras medidas, como alentar el autoempleo en el sector de servicios y conceder mayor autonomía a las empresas públicas, han aumentado la desigualdad en la isla. Los cubanos negros, quienes obtuvieron grandes conquistas de la revolución, se han visto particularmente golpeados, pues tienen menos oportunidad de acceder a las divisas, ya sea recibiendo remesas del exterior u ocupando empleos en el sector turístico.
Cuba tiene hoy una considerable inversión imperialista y aspira a tener más. A 50 kilómetros de La Habana, en el puerto profundo de Mariel, el gobierno cubano está permitiendo la construcción de una zona económica especial de “libre comercio”, capaz de recibir a los buques cargueros más grandes del mundo. Brasil ya ha destinado casi mil millones de dólares al proyecto. Ahora que se ha planteado la renovación del comercio con Estados Unidos, repetimos nuestra advertencia de que ese acontecimiento “subraya la importancia del monopolio estatal [cubano] sobre el comercio exterior —es decir, un estricto control gubernamental sobre las importaciones y las exportaciones”— (“Cuba: Crisis económica y ‘reformas de mercado’”, Espartaco No. 34, otoño de 2011).
El régimen cubano ha restablecido lazos y promovido a la reaccionaria Iglesia Católica en la isla, un potencial caldo de cultivo de la contrarrevolución capitalista. Tanto Obama como Castro aplaudieron al papa Francisco por su papel en las negociaciones. Este papa jesuita le ha dado al Vaticano un poco de cirugía cosmética, proponiendo hacer la iglesia más incluyente (aunque sin dejar de oponerse testarudamente al aborto y la ordenación de mujeres) y predicando contra la “tiranía” del capitalismo, aunque sus intenciones no son menos siniestras que las de sus predecesores.
El Vaticano es tristemente célebre por haber apoyado las dictaduras militares latinoamericanas y promovido la restauración del capitalismo bajo el disfraz de elecciones supuestamente libres y reformas “democráticas”. El cardenal cubano Jaime Ortega —quien fue confinado en un campo de detenidos durante los primeros años de la revolución cuando se quebró el dominio de la iglesia— es, junto con el papa Francisco, uno de los mayores promotores de esas reformas en la isla. En 1998, Fidel recibió con entusiasmo al papa Juan Pablo II, y en 2012 a Benedicto XVI. En todo el país hay fotos y monumentos conmemorando el encuentro entre Castro y Juan Pablo, santo patrón de las contrarrevoluciones, quien tan arduamente trabajó por restaurar el capitalismo en los estados obreros deformados de Europa Oriental, especialmente en su natal Polonia.
Defendiendo a Cuba en la encrucijada
Las fuerzas guerrilleras que entraron en La Habana en 1959 bajo la dirección de Fidel Castro eran un grupo pequeñoburgués políticamente heterogéneo. Su victoria no sólo derribó al odiado régimen de Batista, sino que hizo añicos todo el viejo aparato estatal. El nuevo gobierno llevó a cabo una serie de reformas liberales, pero la redistribución agraria y las medidas tomadas contra los torturadores de Batista asustaron a los partidarios burgueses de Castro, quienes empezaron a huir a Miami. Estas medidas también alarmaron a Washington, el cual emprendió una acción punitiva que obligó a Castro a firmar un tratado comercial con la Unión Soviética. El que las refinerías de propiedad imperialista se negaran a refinar el crudo soviético provocó que Cuba nacionalizara las propiedades estadounidenses, a las que siguieron todos los bancos y negocios en octubre de 1960, lo que liquidó a la burguesía cubana como clase. Hoy, las corporaciones como la United Fruit, Standard Oil y Texaco están salivando ante la posibilidad de obtener compensaciones por las nacionalizaciones que sufrieron hace medio siglo.
Lo mejor que pudo surgir de la Revolución Cubana —en ausencia de la toma del poder por el proletariado dirigido por un partido revolucionario de vanguardia— fue la creación de un estado obrero deformado. Explicando cómo fue que un movimiento guerrillero basado en el campesinado pudo derrocar el dominio capitalista, en la “Declaración de principios”, adoptada en la Conferencia de Fundación de la Spartacist League en 1966, escribimos:
“Movimientos de esta índole pueden bajo ciertas condiciones —es decir, la desorganización extrema de la clase capitalista en el país colonial y la ausencia de una clase obrera que luche por derecho propio por el poder social— destruir las relaciones de propiedad capitalista. Sin embargo no pueden llevar a la clase obrera al poder político. Al contrario crean regímenes burocráticos antiobreros que suprimen todo desarrollo ulterior de estas revoluciones hacia el socialismo”.
—“Declaración de principios de la Spartacist League”, Cuadernos Marxistas No. 1
Esta revolución no hubiera sobrevivido si la Unión Soviética no hubiera aportado un contrapeso militar al imperialismo y un salvavidas a la economía cubana. Hoy, cuando no hay nada parecido a esa ayuda, no existe más la ventana histórica que permitió que fuerzas pequeñoburguesas crearan un estado obrero deformado.
La lucha por defender y extender la Revolución Cubana ha sido un distintivo de nuestra tendencia desde su origen como la Revolutionary Tendency (RT, Tendencia Revolucionaria), una minoría dentro del Socialist Workers Party (SWP, Partido Obrero Socialista) estadounidense. La mayoría del SWP equiparaba al régimen de Castro con el gobierno revolucionario bolchevique de Lenin y Trotsky. Al hacerlo, los líderes de la mayoría del SWP rechazaban abiertamente tanto la necesidad de un partido leninista-trotskista que aportara una dirección revolucionaria, como la centralidad del proletariado en la lucha por la revolución socialista.
Habiendo perdido la esperanza en esa perspectiva, el SWP elogió acríticamente a la burocracia castrista. En enero de 1961 el SWP adoptó las “Tesis sobre la Revolución Cubana” de Joseph Hansen, las cuales declaraban que Cuba había “entrado a la fase de transición a un estado obrero, aunque todavía no poseía las formas de la democracia obrera”.
Más de medio siglo después, nuestro análisis y programa trotskistas han resistido la prueba del tiempo. Los que ayer eran porristas de la burocracia castrista se han hecho más viejos, pero no más sabios. En un artículo fechado el 23 de diciembre y publicado en counterpunch.org, Jeff Mackler, el principal mandamás de Socialist Action (SA, Acción Socialista), un retoño del reformista SWP, poseído por el fantasma de Hansen, escribe: “Aunque a Cuba todavía [¡!] le faltan las instituciones formales y vitalmente necesarias de la democracia obrera,...la actual dirigencia cubana no se ha convertido en una casta endurecida cuyos intereses sólo puedan defenderse mediante la represión”.
De hecho, la casta burocrática encabezada por los Castro siempre ha excluido a la clase obrera del poder político, usando la represión y la ideología del nacionalismo para mantener a los obreros y campesinos cubanos atomizados y políticamente pasivos. El régimen de Castro no sólo encarcela disidentes que colaboran activamente con el imperialismo estadounidense, también reprime a oponentes prosocialistas, incluyendo a militantes como los trotskistas en los años sesenta. Esto ilustra la naturaleza inherentemente contradictoria de la casta burocrática estalinista, la cual se equilibra entre la burguesía imperialista, por un lado, y la clase obrera, por el otro.
Mackler hace hasta lo imposible para presentar al “equipo Castro” como los grandes custodios del socialismo. Elogia las reformas de mercado de la burocracia —que, según él, “dentro del marco de los ideales socialistas, buscan hacer más eficiente la economía cubana”— y grazna absurdamente que estas reformas fueron “presentadas para su discusión, debate y modificación” a “millones de cubanos” antes de llevarse a la práctica.
Las reformas orientadas al mercado son un intento de responder al estancamiento económico dentro del marco del control burocrático estalinista de la economía. Como escribimos en el artículo: “For Central Planning Through Soviet Democracy” (Por una planificación central mediante la democracia soviética, WV No. 454, 3 de junio de 1988):
“La economía planificada...sólo puede ser eficaz cuando los obreros, la intelectualidad técnica y los gerentes se identifican con el gobierno que emite los planes...
“Dentro del marco del estalinismo, hay una tendencia inherente a remplazar la planificación y la administración centrales con mecanismos de mercado. Dado que los gerentes y los obreros no pueden ser sometidos a la disciplina de la democracia de los soviets (consejos obreros), la burocracia tiende a ver cada vez más la sujeción de los actores económicos a la disciplina de la competencia de mercado como la única respuesta a la ineficiencia económica”.
Los consejos obreros no son sólo otras “formas” de poder proletario, sino que son esenciales para la operación racional de una economía planificada y socializada.
Mackler sostiene también que los “esfuerzos humanitarios” que Cuba lleva a cabo en el exterior son testimonio de “una orientación revolucionaria y socialista que continúa”. Muchas de las intervenciones internacionales de Cuba han sido ciertamente heroicas, especialmente cuando el país envió a África en los años setenta miles de efectivos para ayudar a Angola a defender su recién conquistada independencia de Portugal contra fuerzas locales reaccionarias apoyadas por el imperialismo estadounidense y la Sudáfrica del apartheid. Sin embargo, el objetivo de los estalinistas cubanos no fue nunca ayudar en el derrocamiento del capitalismo en África; su intervención expresaba su apoyo político a los nacionalistas burgueses angoleños a cuyo lado luchaban. Incluso estando en la mira de las armas estadounidenses, la intención de Fidel Castro fue siempre una “détente” [distención] a través del ala “progresista” del imperialismo estadounidense, es decir, el Partido Demócrata.
Mientras los falsos trotskistas como SA se deshacen en elogios a los estalinistas cubanos, en otras partes se unen a las cruzadas anticomunistas por la “democracia” del imperialismo. SA se alió con los peores enemigos de la Revolución Cubana al defender a las fuerzas capitalistas-restauracionistas que se movilizaron contra el estado obrero degenerado soviético en los años ochenta, incluyendo al “sindicato” contrarrevolucionario polaco Solidarność, el favorito del papa Juan Pablo II.
Otros seudosocialistas se oponen al régimen de Castro desde el punto de vista de una virulenta hostilidad anticomunista al estado obrero cubano mismo. Ese es el caso de la estadounidense International Socialist Organization (ISO, Organización Socialista Internacional), los primos desheredados de la tendencia internacional de Tony Cliff. Los cliffistas son conocidos por haber descartado a Cuba, junto con China y todo el antiguo bloque soviético de Europa del Este, como “regímenes capitalistas de estado” que “no tienen nada que ver con el socialismo”.
Escribiendo en la revista Jacobin (22 de diciembre), Samuel Farber, quien publica frecuentemente en la prensa de la ISO, celebró el restablecimiento de las relaciones con Estados Unidos como una “importante conquista del pueblo cubano”. Según Farber, quien seguramente obtiene sus criterios del Departamento de Estado de EE.UU., ese acuerdo “puede mejorar los estándares de vida de los cubanos y ayudar a liberalizar las condiciones de su opresión política y su explotación económica, aunque no necesariamente a democratizarlas”. Para Farber, Cuba no es más que otro estado sujeto a la “explotación” capitalista, aunque difiere de Estados Unidos por su falta de “democracia”.
Los revolucionarios de Estados Unidos tienen un deber especial de defender a Cuba contra la restauración capitalista y del rapaz imperialismo estadounidense. Esto no puede reducirse a la cuestión de preservar la cultura cubana única ni a simplemente bloquear las incursiones de los monopolios imperialistas a la isla. El futuro de las masas cubanas —ligado al de la liberación de cientos de millones de trabajadores de América Latina y vinculado a la lucha por la emancipación de los explotados y los oprimidos en las entrañas del monstruo estadounidense— es una cuestión de clase. Luchamos por forjar un partido obrero revolucionario en Estados Unidos como sección de una Cuarta Internacional trotskista reforjada. Un partido así imbuiría a la multirracial clase obrera estadounidense con el entendimiento de que la defensa de la Revolución Cubana es una parte integral de su propia lucha contra sus gobernantes capitalistas y por la revolución socialista mundial.■
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/43/cubana.html
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2016.06.05 18:53 ShaunaDorothy Seudotrotskistas en el campo de la contrarrevolución - Histeria sobre el papel de China en África (Febrero de 2014)

https://archive.is/Hqplf
Espartaco No. 40 Febrero de 2014
En agosto de 2009, la secretaria de Estado de EE.UU. Hillary Clinton visitó Angola para supervisar un importante acuerdo entre el gobierno del Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) y el gigante petrolífero estadounidense Chevron. Clinton aprovechó la ocasión para anunciar un incremento en la inversión estadounidense, que se sumó a una promesa anterior de Washington de construir dos plantas hidroeléctricas. Para el MPLA nacionalista burgués angoleño, estos acuerdos señalaron un cambio en la actitud de los imperialistas estadounidenses. Durante casi 30 años tras alcanzar su independencia de Portugal en 1975, Angola estuvo sumida en una guerra civil devastadora. En prácticamente todo ese periodo, EE.UU. proporcionó apoyo militar y financiero a las fuerzas guerrilleras aliadas con la Sudáfrica del apartheid en su guerra reaccionaria para derrocar al MPLA, que a su vez era respaldado por la Unión Soviética y Cuba. Además, los capitalistas estadounidenses habían mostrado poco interés en invertir en Angola, incluso después de que la guerra concluyera oficialmente en 2002.
La cara amigable que mostró Clinton al gobierno del MPLA servía a un claro propósito. En el año anterior a su visita, Angola se convirtió en el principal socio comercial africano de China, actualmente el más poderoso entre los países en los que el capitalismo fue derrocado. Angola, proveedor de casi quince por ciento del petróleo chino, ya ha sobrepasado a Arabia Saudita como principal exportador de petróleo a China. A cambio, Beijing proporciona préstamos con bajas tasas de interés que han sido utilizados para construir hospitales, escuelas, sistemas de riego y carreteras. China ha cerrado acuerdos similares con varios países, desde Sudán y Argelia hasta Zambia y la República Democrática del Congo, que proveen de petróleo y minerales metálicos a las industrias en expansión de la China continental.
Para EE.UU. y las demás potencias imperialistas, que sufrieron una derrota histórica con la Revolución China de 1949, éstos no son sucesos gratos. La Revolución de 1949, llevada a cabo por un ejército guerrillero campesino dirigido por el Partido Comunista Chino (PCCh) de Mao Zedong, estableció un estado obrero, si bien burocráticamente deformado desde su origen. La creación en los años subsecuentes de una economía centralmente planificada y colectivizada sentó las bases para un progreso social enorme para los obreros, los campesinos, las mujeres y las minorías nacionales. Desde 1949, los imperialistas han buscado el derrocamiento contrarrevolucionario del gobierno del PCCh y el retorno de China a la explotación capitalista desenfrenada. Para conseguirlo, han aplicado amenazas y presión militar, brindado apoyo a los movimientos y a los “disidentes” anticomunistas locales y, desde hace ya más de 30 años, penetrado la economía de la China continental, cortesía de las “reformas de mercado” del régimen del PCCh.
Desde que, hace cinco años, comenzaron a proliferar los acuerdos comerciales y de ayuda entre China y los países africanos, los portavoces del imperialismo sonaron la alarma. Paul Wolfowitz, presidente del Banco Mundial, arremetió contra los muy favorables préstamos ofrecidos por los bancos estatales de China, que, según él, no cumplen con los “estándares sociales y ambientales”. ¡Y lo dice uno de los principales arquitectos de las guerras del gobierno de Bush en Irak y Afganistán! Sumándose al coro, y resucitando el estilo de la Guerra Fría antisoviética, el Daily Mail británico exclamó en un encabezado (18 de julio de 2008): “Cómo está haciendo China para tomar el control de África y por qué Occidente debería estar MUY preocupado”.
Esta reacción dio pie a un debate entre los académicos y los funcionarios del gobierno en China sobre el papel de ese país en África, aunque desde luego dentro de los límites de la política establecida por la burocracia estalinista de Beijing. Un artículo titulado “La práctica del concepto diplomático chino de un ‘mundo armonioso’: un análisis de las relaciones sino-africanas durante los años recientes”, de Ge Zhiguo, denuncia con razón las “políticas sistemáticas de Occidente hacia África”, que no sólo “no le han brindado prosperidad y estabilidad a África” sino que también han “ocasionado que muchos países africanos se hundan en el caos y la violencia étnica a largo plazo” (Gaoxiao Sheke Dongtai [Perspectivas de las Ciencias Sociales en la Educación Superior], tercer número en 2007; ésta y otras traducciones son nuestras).
Desde los campos de exterminio del Rey Leopoldo en el Congo Belga hasta los campos de concentración británicos en Kenia y el apoyo estadounidense a la Sudáfrica del apartheid, la historia del imperialismo occidental en África es una larga lista de asesinatos masivos, condiciones de trabajo similares a la esclavitud y brutal represión contra los movimientos independentistas y las luchas obreras. De hecho, los antecedentes de esta barbarie pueden trazarse directamente hasta la esclavización de los africanos en el periodo mercantil del capitalismo temprano. La subyugación imperialista, lejos de modernizar a estas sociedades, ha reforzado el atraso y la miseria. Subrayando que las inversiones de China en África están motivadas por propósitos muy distintos, Ge Zhiguo llama a Beijing a reformar algunas de sus propias políticas para contrarrestar el resentimiento entre los africanos ocasionado por el trato a los trabajadores en las empresas chinas y el debilitamiento de los negocios locales frente a los empresarios chinos.
Como trotskistas, en la Liga Comunista Internacional estamos por la defensa militar incondicional de China contra el imperialismo y la contrarrevolución interna. Defendemos el derecho de China a comerciar para obtener lo que necesita para su desarrollo. Sin embargo, reconocemos que los programas de inversión y ayuda chinos no están orientados por el internacionalismo proletario, sino por los propios intereses nacionales estrechos de la burocracia del PCCh, arraigados en el dogma estalinista de “construir el socialismo en un solo país” y su corolario, la “coexistencia pacífica” con el imperialismo (actualmente conocida como la política de un “mundo armonioso”). En su oposición a la perspectiva de la revolución proletaria internacional, el régimen del PCCh se ha acomodado al imperialismo —incluso, como explicamos más adelante, sumándose a EE.UU. y Sudáfrica en el respaldo de las fuerzas antisoviéticas en Angola— al tiempo que apoya militar y políticamente a los gobernantes burgueses “amigables” en África y otros lugares, quienes reprimen brutalmente a los obreros y a los pobres en el campo y la ciudad.
El papel de China en África es contradictorio, lo que no es más que un reflejo de las contradicciones que asedian a la propia China, un estado obrero burocráticamente deformado en un mundo dominado por el imperialismo. Para defender y extender las conquistas de la Revolución China es necesaria una revolución política proletaria que derroque a la burocracia del PCCh y la remplace con un régimen de democracia obrera comprometido a luchar por el socialismo mundial.
China no es capitalista
En el flanco izquierdo de la campaña antichina de los imperialistas se encuentran “socialistas” como el Comité por una Internacional de los Trabajadores (CIT), dirigido por Peter Taaffe, y el Secretariado Unificado (SU) del fallecido Ernest Mandel. Un artículo del 30 de marzo de 2008 titulado “China en África” escrito por Sozialistische Alternative (SAV), sección alemana del CIT, denuncia a China como “un participante más” en el “juego” de la explotación de los países africanos. La SAV afirma que “China, como otros países imperialistas, sólo busca explotar los recursos y los mercados tan eficazmente como sea posible”. En el sitio International Viewpoint del SU (enero de 2007), Jean Nanga, descrito como un “marxista revolucionario del Congo”, condena de modo similar las supuestas “ambiciones globales” de China como “motivadas por el interés capitalista”.
No es nada sorprendente que el CIT y el SU se hayan sumado a la cruzada anticomunista contra China. Prostituyéndose ante la “democracia” burguesa, el SU y el antecesor del CIT vitorearon a toda clase de contrarrevolucionarios respaldados por los imperialistas en la campaña contra la antigua URSS y los estados obreros deformados de Europa Oriental, por ejemplo, Solidarność en Polonia y la turba reaccionaria de las barricadas de Yeltsin en Moscú en agosto de 1991.
Dirigiendo su estalinofobia contra China, el SU ha promovido “disidentes” proimperialistas como el Premio Nobel de la “Paz” Liu Xiaobo, partidario de las guerras estadounidenses en Vietnam, Irak y Afganistán (ver “Hong Kong: Fake Trotskyists Hail Imperialist Running Dog Liu Xiaobo” [Hong Kong: Falsos trotskistas celebran al mandadero imperialista Liu Xiaobo], WV No. 981, 27 de mayo de 2011). Por su parte, el CIT, como señalaron nuestros camaradas en la Spartacist League/Britain, celebró los disturbios anticomunistas en el Tíbet y ha defendido abiertamente al Taiwán capitalista “democrático”, respaldado desde siempre por los imperialistas de EE.UU. y Japón como una daga dirigida contra la República Popular China (ver “China Is Not Capitalist” [China no es capitalista], Workers Hammer No. 202, primavera de 2008). Peter Taaffe gusta de pontificar que la “transición” hacia el capitalismo completo “aún no ha sido terminada del todo” (“Halfway House” [A mitad del camino], Socialism Today, julio/agosto de 2011). Esto no es más que un poco de cobertura cosmética al apoyo concreto y constante que brinda el CIT a las fuerzas de la contrarrevolución.
El furor sobre el papel de China en África comenzó a incrementarse de lleno en 2006, en respuesta al conflicto de Darfur en el occidente de Sudán, que tuvo como consecuencia una masacre y el desplazamiento de cerca de dos millones de personas. La causa inmediata del conflicto fue el uso por parte del gobierno de Kartoum de las milicias janjaweed, con base entre los musulmanes nómadas, en su guerra contra las guerrillas apoyadas por la población agrícola, también musulmana. En EE.UU., una campaña promovida por derechistas cristianos, sionistas y varios liberales importantes, que exigían la intervención imperialista para “salvar a Darfur”, demonizó a China, que ha hecho inversiones importantes en la producción petrolera de Sudán y mantiene estrechos lazos con el régimen de al-Bashir, proporcionándole equipo militar. Sumándose a esta intriga, el artículo de 2008 del SAV se lamentaba: “El régimen chino, que importa ocho por ciento de su petróleo de Sudán, ha demostrado durante el reciente conflicto que tiene mucho interés en sus ganancias, pero da muchísima menos importancia a la suerte de la población local”.
Cabe señalar que uno de los factores que ha empujado a China a depender cada vez más del petróleo africano fue una campaña salvajemente anticomunista, dirigida fundamentalmente por la burocracia sindical estadounidense, que logró impedir que la Chinese National Offshore Oil Company adquiriera en 2005 a Unocal, con sede en EE.UU. A inicios de ese año, el afiliado estadounidense del CIT, llamado Socialist Alternative, se enlistó en el esfuerzo antichino, firmando conjuntamente un volante que exigía que la Universidad de Harvard retirara sus inversiones de PetroChina, otra petrolera de propiedad estatal, y Unocal.
Puede que las diatribas en contra de China de los liberales y los supuestos socialistas suenen bien en Londres, París u otros centros imperialistas, donde el grueso de la izquierda empuja la mentira de que China es capitalista o está irreversiblemente destinada a serlo. Pero el mensaje no genera tanto entusiasmo en África, donde la ayuda china en la construcción de hospitales, escuelas y demás infraestructura contrasta agudamente con el legado dejado por los verdaderos imperialistas: pobreza extrema, atraso social y guerras étnicas y tribales. La repartición de África entre las potencias europeas en la Conferencia de Berlín de 1884-85 marcó el surgimiento del imperialismo moderno. Como explicó V.I. Lenin en El imperialismo, fase superior del capitalismo (1916), los países industrializados avanzados se veían en la necesidad cada vez mayor de exportar capital a los países más atrasados en busca de materias primas y mano de obra barata. La competencia resultante entre los imperialistas llevó a dos guerras mundiales y numerosas aventuras coloniales, con un costo incalculable en términos de muerte y destrucción.
El que las inversiones chinas en África sirven a un propósito fundamentalmente distinto puede verse en el tipo de valor de las mercancías que generan. Todas las mercancías —desde los productos de la minería hasta los bienes manufacturados— poseen valor de uso (en tanto que objetos de consumo deseables) y valor de cambio (reflejado aproximadamente en los precios del mercado). Bajo el capitalismo, los propietarios de las plantas industriales y demás medios de producción acumulan ganancias contratando mano de obra que produzca bienes con el propósito de incrementar el valor de cambio. Las inversiones de China en el extranjero, financiadas por varios de los bancos estatales, no están impulsadas por la ganancia, sino por la necesidad de materias primas para sus industrias colectivizadas en casa, es decir, para extraer valor de uso.
Un funcionario del Departamento de Estado de EE.UU. llamado Princeton Lyman, que ciertamente no es un marxista, básicamente lo admitió en una presentación de 2005 a la comisión del Congreso estadounidense de relaciones EE.UU./China:
“China utiliza una serie de instrumentos para impulsar sus intereses en formas que las naciones occidentales sólo pueden envidiar. La mayor parte de las inversiones chinas se llevan a cabo a través de compañías estatales, cuyas inversiones no necesitan ser redituables si cumplen con los objetivos generales chinos. De ese modo, el representante de la compañía constructora de propiedad estatal china en Etiopía está en libertad de revelar que Beijing le ordenó rebajar los presupuestos en varias licitaciones, sin importar que dejaran o no ganancias. El objetivo a largo plazo de China en Etiopía está en acceder a futuras inversiones en recursos naturales, no en obtener ganancias en la industria de la construcción”.
El hecho de que China participe en el intercambio comercial global no la hace capitalista o imperialista. Como la inversión china no está motivada por la ganancia capitalista, sus efectos son radicalmente distintos a los que produce la explotación imperialista de los países del Tercer Mundo. Martyn Davies, director de la China Africa Network en la Universidad de Pretoria en Sudáfrica, aclama a los chinos por ser “los principales constructores de infraestructura” en África (“The Next Empire?” [¿El próximo imperio?], Atlantic, mayo de 2010), una perspectiva que encuentra eco en la académica estadounidense Deborah Brautigam y su libro de 2009 The Dragon’s Gift (El regalo del dragón, Oxford University Press), muy favorable al papel de China en África.
Presiones del mercado mundial
La necesidad de importar materia prima se agudizó hace una década, cuando, debido a la tasa galopante de crecimiento, la China continental se mostró incapaz de proporcionar el grueso del petróleo y los metales que necesitaba la industria. Gracias a su política de “volverse global”, para 2009 China importaba ya 52 por ciento de su petróleo y 69 por ciento del hierro.
La situación de China contrasta con la del estado obrero soviético que emergió de la Revolución de Octubre de 1917, dirigida por el Partido Bolchevique. Después del fracaso de las revoluciones proletarias en países europeos más avanzados, especialmente Alemania, una casta burocrática conservadora dirigida por I.V. Stalin usurpó el poder político a partir de 1923-24. A pesar de estar marcada por el atraso heredado del zarismo y los efectos devastadores de la guerra imperialista y civil, la Unión Soviética poseía abundantes cantidades de hierro, petróleo, madera y otras materias primas. Stalin y compañía se sirvieron de ese hecho para argumentar la noción utópica y reaccionaria de que la Rusia soviética podía alcanzar el socialismo por sí misma. Esto arrojó por la borda el entendimiento marxista básico de que alcanzar el socialismo —una sociedad de abundancia material— requiere del poder obrero internacional, sobre todo en los países industrialmente avanzados.
Gracias a su economía planificada, la Unión Soviética atravesó un periodo de crecimiento fenomenal en la década de 1930, mientras el resto del mundo estaba sumido en la Gran Depresión. Sin embargo, usando sólo sus propios recursos y esfuerzos, la URSS no podía alcanzar, ni mucho menos superar, el nivel tecnológico y de productividad de la mano de obra en los países capitalistas avanzados. Décadas de presión económica y militar, combinadas con la mala administración burocrática y las oportunidades revolucionarias que los estalinistas vendieron en todo el mundo, terminaron por debilitar fatalmente al estado obrero soviético, que fue destruido por la contrarrevolución capitalista en 1991-92.
En la secuela de esta catástrofe, la dirección del PCCh condujo un estudio interno para determinar cómo evitar la misma suerte, aferrándose siempre a su programa nacionalista y estalinista del “socialismo con características chinas”. Una de las conclusiones a las que llegó el régimen es que la Unión Soviética había utilizado una cantidad excesiva de recursos propios tratando de competir con los imperialistas militarmente o en otros sectores. De ese modo, decidieron que China, en cambio, expandiría y profundizaría sus lazos con el mercado capitalista mundial. Beijing es un socio tan “confiable” en el mercado mundial, que el economista en jefe en el Banco Mundial, una de las principales instituciones en la imposición de los dictados imperialistas, [era hasta 2012] Justin Yifu Lin, ¡uno de los principales economistas de China!
En su esfuerzo por “volverse global”, Beijing ha incrementado su apoyo a la intervención militar de las Naciones Unidas, una guarida de ladrones imperialistas y sus víctimas, en el Tercer Mundo. Esto representa un cambio en la política que adoptó el PCCh cuando China fue admitida en las Naciones Unidas hace 40 años. Como señala Stefan Stähle en “China’s Shifting Attitude Towards United Nations Peacekeeping Operations” [La actitud cambiante de China hacia las operaciones de paz de las Naciones Unidas] en la publicación académica China Quarterly (septiembre de 2008):
“Al principio, China rechazaba completamente la idea de las misiones de paz de las Naciones Unidas. Beijing consideraba que todas las intervenciones de la ONU estaban manipuladas por las superpotencias, en gran medida porque la propia China había sido el blanco de la primera operación dirigida por EE.UU. que autorizó la ONU, en 1951 [sic, debería ser 1950] durante la Guerra de Corea... Sin embargo, desde que en 1981 China empezó a abrirse al mundo, los diplomáticos chinos han votado a favor de todas las misiones que implicaban tareas tradicionales de pacificación o transiciones controladas”.
En palabras simples, esas “tareas tradicionales de pacificación” no quieren decir más que sangrienta represión e imposición de los dictados imperialistas. China, criminalmente, ha comprometido sus propias fuerzas policiacas y militares a esa clase de “pacificación”, desde Haití hasta Sudán. Como señaló Chris Alden en China in Africa (Zed Books, 2007): “La mayor parte de las fuerzas de paz chinas están, de hecho, ubicadas en África, lo que hace a China el mayor contribuyente entre los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a las misiones de paz”. Como internacionalistas proletarios, exigimos que China ponga fin a su participación en las misiones militares de la ONU.
Dado que la economía de China sigue creciendo mientras que las de los países imperialistas permanecen estancadas en una depresión aparentemente sin fin —la demostración más reciente de las crisis intrínsecas al sistema de producción basado en las ganancias—, parecería que Beijing ha encontrado un modo de evitar las presiones que llevaron eventualmente al colapso de la Unión Soviética. Esa idea, sin embargo, se basa en nociones completamente falsas: la estabilidad del orden capitalista internacional y la benevolencia de los socios comerciales de China, que dominan el mercado mundial.
En la propia China, el sorprendente crecimiento económico sirve para exacerbar las tensiones sociales y de clase. Particularmente gracias a las “reformas de mercado”, ha sido creada una enorme división entre los funcionarios gubernamentales corruptos, los empresarios capitalistas y los pequeñoburgueses privilegiados, por un lado, y los cientos de millones de proletarios (en compañías privadas y estatales) y de campesinos pobres, por el otro. El año pasado, una oleada de huelgas en fábricas automotrices y otras empresas privadas fue un componente más de lo que el régimen del PCCh llama “incidentes masivos” —paros laborales, asambleas con listas de peticiones, manifestaciones contra la corrupción, etc.—. El número de estos incidentes alcanzó 180 mil en 2010, duplicándose desde 2006.
Tarde o temprano, el régimen estalinista llevará a China a la encrucijada, haciendo inminente la amenaza de la contrarrevolución. Al mismo tiempo, el antagonismo entre la burocracia y las masas trabajadoras chinas está preparando el camino para que una revolución política proletaria derroque al régimen estalinista parasitario. El proletariado chino necesita la dirección de un partido leninista-trotskista que combata a los apóstoles de la contrarrevolución “democrática”, incluidos los que empujan este programa en ropajes “socialistas” o incluso “trotskistas”, y que lleve a la clase obrera a romper con el nacionalismo estalinista. Dirigida por un partido así, una China de consejos obreros y campesinos promovería la revolución proletaria internacionalmente. Bajo el poder obrero, la capacidad industrial y tecnológica de Japón, EE.UU. y Europa Occidental sería canalizada para auxiliar el desarrollo completo de China como parte del orden socialista mundial.
La “no injerencia”: apoyo al dominio burgués
En respuesta a los cargos de “neocolonialismo” chino en África, muchos académicos y portavoces gubernamentales en China señalan la política de Beijing de “no injerencia” en los asuntos internos de otros países. Escribiendo en una publicación académica, Liu Naiya celebraba la ayuda de China hacia los países excoloniales como “un ‘regalo’ para el nacionalismo africano de parte de un país socialista. En otras palabras, es una inversión política racional: una gran demostración de la fraternidad amigable del comunismo internacional” (“Mutual Benefit: The Essence of Sino-African Relations—A Response to the Charge of ‘China’s Neocolonialism in Africa’” [Beneficio mutuo: La esencia de las relaciones sino-africanas. Una respuesta a la acusación de “neocolonialismo chino en África”], Xiya Feizhou [África y Asia Occidental], agosto de 2006).
Los voceros del PCCh gustan de señalar la ayuda y el apoyo diplomático que al inicio brindó China a algunos de los movimientos que lucharon por la independencia contra el dominio colonial. Aunque no hay duda que las inversiones y la ayuda chinas han impulsado el desarrollo de muchos países africanos, esto está muy lejos de ser internacionalismo proletario. Los acuerdos comerciales chinos están acompañados de una “condición política”: la promesa de Beijing de no hacer nada que pueda molestar a sus socios comerciales burgueses. De ese modo, los estalinistas chinos ayudan a apuntalar el orden capitalista que mantiene a las masas de obreros y campesinos africanos en la pobreza más abyecta. La disposición del PCCh a respaldar regímenes reaccionarios burgueses quedó de manifiesto ya desde la Conferencia de Solidaridad Afroasiática de 19551 en Bandung, Indonesia, donde Zhou Enlai expuso los “Cinco principios de la coexistencia pacífica”, que incluían la promesa de no presionar a otros países para que cambiaran sus sistemas económicos. Al mismo tiempo, el régimen de Mao mantenía una política de coexistencia pacífica con Japón, la principal potencia imperialista de Asia, lo que desnuda las supuestas pretensiones “antiimperialistas” de este programa de colaboración de clases.
Un argumento común a favor de la política de Beijing es la construcción del tren entre Tanzania y Zambia por parte de la China de Mao en la primera mitad de la década de 1970. Éste fue un acontecimiento significativo alcanzado gracias a los enormes sacrificios laborales de los obreros chinos. Pero al mismo tiempo, el PCCh apoyó políticamente al régimen de Nyerere en Tanzania, que reprimía las luchas sindicales elementales de los obreros empobrecidos.
De ese modo, los estalinistas chinos dejaban entrever su parentesco político con la burocracia del Kremlin. La ayuda soviética fue esencial en la construcción de la presa de Aswan en Egipto, terminada en 1970. Pero a esta ayuda se sumaron asesores soviéticos militares así como en otras áreas. De hecho, ¡Moscú le proporcionó al régimen bonapartista de Nasser en Egipto equipo militar más avanzado del que le dio a Vietnam del Norte en su heroica lucha contra el imperialismo estadounidense! Mientras tanto, el Partido Comunista de Sudán, alineado con los soviéticos, se subordinó al caudillo nacionalista burgués Nimeiry, traicionando una oportunidad revolucionaria que concluyó con una masacre de comunistas a principios de la década de 1970. Siguiendo el mismo programa de colaboración de clases, el Partido Comunista de Sudáfrica (PCS) ha estado sumergido por más de 80 años en una alianza con el Congreso Nacional Africano (CNA), que hoy en día implica ayudar a imponer los dictados del capitalismo del neoapartheid como parte del gobierno burgués dirigido por el CNA.
Los marxistas revolucionarios reconocemos que un estado obrero puede verse en la necesidad de establecer acuerdos comerciales y diplomáticos con estados capitalistas. Pero esto no debe confundirse con la tarea del partido comunista de dirigir la lucha por la revolución proletaria. En la época de Lenin, el estado obrero soviético firmó el tratado de Rapallo con la Alemania capitalista en 1922, un acuerdo que incluía cooperación militar. Al mismo tiempo, los bolcheviques eran la fuerza dirigente en la Internacional Comunista, luchando por forjar partidos comunistas que pudieran dirigir exitosamente a los obreros, entre ellos los alemanes, a la toma del poder.
Un régimen revolucionario también buscaría utilizar sus activos en el extranjero como un arma de la estrategia proletaria internacionalista. León Trotsky explicó lo anterior en referencia al Ferrocarril Oriental de China, que, aunque había sido construido originalmente por la Rusia zarista para apuntalar su explotación de China, estaba en manos soviéticas como resultado de la Revolución de Octubre. En 1929, dos años después de masacrar a decenas de miles de comunistas y otros combatientes obreros, el régimen de Chiang Kai-shek provocó un conflicto militar con la Unión Soviética, entonces bajo la burocracia estalinista, por el control del tren. En “Defensa de la república soviética y de la Oposición” (septiembre de 1929), Trotsky luchó contra aquéllos que consideraban “imperialista” la política soviética en este sentido. Escribió: “consideramos al Ferrocarril Oriental de China un arma de la revolución mundial, más específicamente de las revoluciones de Rusia y China... Mientras tengamos la posibilidad y las fuerzas suficientes, lo protegeremos del imperialismo para entregarlo a la revolución china victoriosa”.
Más adelante Trotsky explica que el carácter de esta “empresa socialista, su administración y sus condiciones de trabajo, tendrían que permitir un mejoramiento de la economía y el nivel cultural del país atrasado mediante el capital, la tecnología y la experiencia de los estados proletarios más ricos, en beneficio de ambas partes”. Proyectando el modo en que una dictadura proletaria en Gran Bretaña habría de lidiar con las concesiones de los antiguos gobernantes imperialistas en la India, escribió:
“El estado obrero no deberá abandonar las concesiones sino transformarlas en vehículos de la construcción económica de la India y de su futura reconstrucción socialista. Naturalmente, esta política, necesaria también para consolidar el socialismo en Inglaterra, sólo podría realizarse en acuerdo con la vanguardia del proletariado indio y presentándoles ventajas concretas a los campesinos indios”.
La traición antisoviética del PCCh
La perspectiva trazada por Trotsky está diametralmente opuesta al programa nacionalista y antirrevolucionario de los estalinistas chinos. Esto se vio claramente con la alianza criminal que el régimen de Mao forjó con el imperialismo estadounidense en contra de la Unión Soviética, difamada y acusada por los maoístas de ser “socialimperialista” y el “principal enemigo” de los pueblos del mundo.
Uno de los resultados de esta traición fue la devastación de Angola a lo largo de décadas de guerra. Después de obtener su independencia de Portugal en 1975, el país se sumió en una guerra civil entre tres fuerzas guerrilleras nacionalistas, el MPLA, la Unión Nacional por la Independencia Total de Angola (UNITA) y el Frente de Liberación Nacional de Angola (FLNA). Inicialmente, como marxistas, no apoyamos a ninguno de los bandos en conflicto, todos ellos movimientos nacionalistas pequeñoburgueses que aspiraban a consolidar un régimen burgués. Sin embargo, la situación cambió rápidamente.
Auxiliado por la Unión Soviética, el MPLA se hizo del control de la mayor parte de las áreas clave, incluida la capital Luanda, y declaró a Angola una “república popular”. En respuesta, EE.UU. forzó a la UNITA y al FLNA a unificarse y les proporcionó armas, mientras que Sudáfrica y Portugal sumaron centenares de sus propias tropas al esfuerzo por derrocar al MPLA. De ese modo, la guerra civil se transformó en una guerra a distancia entre el imperialismo estadounidense y el estado obrero degenerado soviético. Los marxistas teníamos un lado claro en este conflicto: a favor de la victoria militar del MPLA. La China de Mao, sin embargo, apoyó activamente al FLNA/UNITA financiado por la CIA, llegando incluso a mandar instructores militares para que entrenaran a los asesinos anticomunistas. En testimonio del papel de China, funcionarios estadounidenses señalaron que Washington había logrado ahorros en “el apoyo a los movimientos anticomunistas, porque estábamos contentos de dejarle a los chinos el trabajo en el terreno” (citado en Le Monde, 5 de diciembre de 1975). ¡He ahí la “no injerencia”!
Al tiempo que las tropas sudafricanas dirigían una guerra relámpago contra Luanda, el órgano oficial chino Peking Review (21 de noviembre de 1975) publicó una declaración política de alto nivel condenando la “expansión y la burda interferencia de la Unión Soviética”, ¡rehusándose a mencionar siquiera la invasión por parte de las fuerzas del apartheid! La ayuda soviética, combinada con la subsecuente intervención de las heroicas tropas cubanas, eventualmente logró revertir la situación e hizo retroceder a los títeres imperialistas y su avanzada sudafricana. Pero la guerra civil continuó. Los puentes bombardeados, los caminos rurales y los campos plagados de minas y el colapso casi total de la infraestructura incrementaron enormemente el profundo atraso preexistente del país.
Las masas angoleñas pagaron con sangre la traición de los estalinistas chinos, que posteriormente han sacado ventaja de la miseria de Angola y otros países en el África subsahariana a la que ellos mismos contribuyeron. De manera más importante, con su ayuda material a las fuerzas antisoviéticas respaldadas por el imperialismo, desde el sur de África hasta Afganistán en las décadas de 1970 y 1980, el PCCh contribuyó a la destrucción de la propia URSS, una derrota catastrófica para los obreros y oprimidos de todo el mundo, incluida China.
¡Por el internacionalismo proletario!
Al estar guiada por los intereses nacionales estrechos de la burocracia de Beijing, la inversión extranjera con frecuencia contrapone a las empresas y los administradores chinos con los obreros que emplean. Junto con las minas, las instalaciones petroleras y los proyectos de construcción financiados por China que brotan por toda África, ha salido evidencia de abusos laborales a través de prácticas discriminatorias de contratación, bajos salarios y acciones rompesindicatos abiertas. Un estudio citado por Deborah Brautigam en The Dragon’s Gift encontró que las compañías constructoras chinas en Namibia violaban las leyes del salario mínimo y los requisitos de entrenamiento basados en la “acción afirmativa”, rehusándose además a pagar seguro social y otras prestaciones. Los obreros chinos en África han emprendido sus propias luchas contra el maltrato. Según Brautigam, cuando unos 200 trabajadores chinos de la construcción se fueron a huelga en Guinea Ecuatorial en marzo de 2008, un choque con las fuerzas de seguridad locales dejó un saldo de dos trabajadores muertos.
Un hecho que tanto la prensa burguesa como la de la “izquierda” ignoran casi por completo es que detrás de muchos de los peores ataques en contra de obreros africanos se encuentran los empresarios privados chinos, que, con el beneplácito de Beijing, han logrado colgarse como sanguijuelas del programa de inversión chino. En 2010, dos supervisores chinos en la Collum Coal Mine en Zambia le dispararon a trece trabajadores durante una protesta salarial. El año siguiente, las autoridades de Zambia decidieron no levantar cargos, ocasionando una extendida furia entre los zambianos. La mina, descrita en la prensa como “de propiedad china”, no estaba en manos del estado, sino de un inversionista privado, y era administrada por sus cuatro hermanos menores.
Los marxistas apoyamos a los obreros en lucha por derechos sindicales y por salarios y prestaciones decentes, lo que incluye las luchas contra los administradores chinos. Al mismo tiempo, es necesario combatir a los demagogos nacionalistas y a los falsos dirigentes sindicales que ponen de pretexto los abusos contra los obreros para subirse al vagón anti-China de los imperialistas. Por ejemplo, la federación sindical COSATU en Sudáfrica, parte de la Alianza Tripartita con el CNA y el PCS, denuncia desde hace ya mucho tiempo que la ropa importada de China desplaza a los fabricantes locales.
Esta clase de proteccionismo promueve la mentira de que el proletariado sudafricano (mayoritariamente negro) tiene “intereses nacionales” comunes con la clase capitalista sudafricana (mayoritariamente blanca), y revela la bancarrota de las proclamaciones de solidaridad obrera internacional por parte de los burócratas de la COSATU. Finalmente, alimenta las fuerzas de la contrarrevolución en China, fortaleciendo la mano de los imperialistas, cuyo poderío económico y militar representa un obstáculo formidable a la revolución proletaria en Sudáfrica y otros países. La defensa de China y de los demás estados obreros deformados —Cuba, Corea del Norte, Vietnam y Laos— es de vital importancia para la lucha por un futuro socialista en África, un objetivo en el que la combativa y estratégicamente concentrada clase obrera sudafricana es clave. ¡No pueden obtenerse conquistas nuevas si no se defienden las ya obtenidas!
Los marxistas también deben combatir el chovinismo que permea a la burocracia estatal china y sus representantes en ultramar. Dado que Beijing determina los presupuestos y las fechas de entrega, las compañías chinas frecuentemente emplean a trabajadores de China en lugar de contratar localmente. En defensa de este tipo de prácticas, el gerente general de la China National Overseas Engineering Corporation, de propiedad estatal, declaró: “Los chinos pueden soportar condiciones de trabajo muy intensas. Ésta es una diferencia cultural. Los chinos trabajan hasta terminar y después descansan”. Los obreros zambianos, se quejaba, “son como los británicos”: “Tienen pausas para el té y un montón de días de descanso. Para nuestra compañía constructora esto implica costos mucho mayores” (citado en Chris Alden, China in Africa). Esta clase de comentarios dejan bien claro el nivel de desprecio que sienten los burócratas chinos tanto hacia los trabajadores africanos como hacia los chinos.
Después de heredar las operaciones en el extranjero de las empresas estatales chinas, un gobierno de consejos obreros y campesinos en China haría un esfuerzo especial para contratar y entrenar a los trabajadores locales, con derechos sindicales y salarios y prestaciones superiores a los estándares locales. Un gobierno así también se desharía de los elementos burgueses que han surgido en China como resultado de las “reformas de mercado” y que también han logrado llegar a África. Pero, sobre todo, seguiría el ejemplo del joven estado obrero soviético promoviendo la victoria del poder obrero en todo el planeta. Esa lucha requiere de la dirección de partidos leninistas de vanguardia, y, para lograr esa tarea, la LCI lucha por reforjar la IV Internacional, partido mundial de la revolución socialista.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/40/africa.html
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2016.06.04 13:42 ShaunaDorothy ¡Defender al estado obrero deformado chino! “Tíbet Libre”, grito de guerra de la contrarrevolución (Junio de 2012)

https://archive.is/LmvxU
Espartaco No. 35 Junio de 2012
El siguiente artículo ha sido adaptado de Workers Vanguard No. 911, 28 de marzo de 2008, e incorpora un par de correcciones al original publicadas en el No. 917, 4 de julio de 2008.
En el año de 2008 se llevaron a cabo protestas, iniciadas en la Región Autónoma del Tíbet, para conmemorar el aniversario del levantamiento de 1959 contra el dominio chino —un levantamiento inspirado, armado y financiado por la CIA—. Las protestas, descritas por el único corresponsal extranjero en Lhasa como “una orgía de motines antichinos” (Economist en línea, 14 de marzo de 2008), fueron dirigidas por lamas budistas y recibieron eco en las provincias chinas de Gansu, Qinghai y Sichuan, donde existen poblaciones tibetanas significativas. También hubo una marcha en la India desde el centro del “gobierno en el exilio” del Dalai Lama. Al grito de “Viva el Tíbet” y “Viva el Dalai Lama”, los participantes en los motines dirigidos por los monjes, con frecuencia a la cabeza de pandillas de adolescentes, causaron destrozos en el viejo barrio tibetano de Lhasa, incendiando y destruyendo tiendas administradas por gente de etnia china y dando muerte al menos a trece personas. Entre los que sufrieron los ataques se encuentran los chinos de la etnia hui, una minoría musulmana en la región. El Economist (22 de marzo de 2008) reportó que “las tiendas propiedad de tibetanos fueron señaladas como tales con mascadas blancas tradicionales... Se salvaron de la destrucción”.
Estas protestas en el Tíbet fueron reaccionarias, anticomunistas y contrarrevolucionarias. Como trotskistas (es decir, marxistas genuinos), en la Liga Comunista Internacional luchamos por la defensa militar incondicional del estado obrero deformado chino contra el ataque imperialista y la contrarrevolución capitalista —como hacemos en el caso de los otros estados obreros deformados restantes en Corea del Norte, Vietnam, Cuba y Laos—. La Revolución de 1949 que derrocó el dominio capitalista en China ha dado como resultado enormes conquistas para las masas trabajadoras y campesinas de ese país, incluida la gente del Tíbet, que, hasta la victoria allí de las fuerzas chinas en 1959, era gobernado por una “lamacracia” proesclavista. La causa por un “Tíbet Libre” tuvo su origen en las maquinaciones de la CIA y otras fuerzas imperialistas determinadas a restaurar el capitalismo en China, lo que reduciría una vez más al país al yugo semicolonial. El llamado por un “Tíbet Libre” es el grito de guerra de la contrarrevolución y significaría en los hechos el señorío imperialista sobre las masas tibetanas. La destrucción contrarrevolucionaria del estado obrero deformado chino constituiría una derrota tremenda para el proletariado internacional, incluido el pueblo del Tíbet.
Antes de ser aplastada por el Ejército de Liberación Popular en 1959, la teocracia lamaísta del Tíbet tal vez era, proporcionalmente, el estrato gobernante más grande y holgazán de la historia humana, apoyado económicamente por campesinos, cultivadores de cebada y pastores de yaks. En esencia, esto significaba que el trabajo más inclemente era hecho en su mayoría por las mujeres, ya que tanto los monjes como una porción nada pequeña de la población masculina, que emulaba la vida monástica después de “pecar” al procrear, se dedicaban a la contemplación.
Después de suprimir el levantamiento respaldado por la CIA de 1959, el gobierno chino abolió el ulag (trabajo campesino forzado) y puso fin a los azotes, la mutilación y la amputación como formas de castigo penal. La tierra, los animales y las herramientas de los aristócratas que huyeron al exilio fueron distribuidas entre los campesinos, al igual que la tierra y los bienes muebles de los monasterios que habían participado en el levantamiento. El estado obrero deformado chino estableció la educación laica y construyó sistemas de agua corriente y eléctricos en Lhasa. Como resultado, el promedio de vida de los tibetanos, que era de 35 años en 1950, se elevó a 67 en 2001. La mortalidad infantil, que llegaba a un impresionante 43 por ciento en 1950, disminuyó dramáticamente hasta el 0.661 por ciento en 2000. La reciente apertura del ferrocarril entre Lhasa y Qinghai, que une al Tíbet con el resto de China, ha conducido al desarrollo económico y a una mejora de los estándares de vida. Estas conquistas dan testimonio del progreso social resultante de la expropiación de la clase capitalista y los terratenientes y la instauración de las formas de propiedad proletarias que emergieron de la Revolución China de 1949.
Especialmente desde la destrucción contrarrevolucionaria de los estados obreros deformados de Europa Oriental y, en particular, desde la destrucción del estado obrero degenerado soviético en 1991-92, China se encuentra cada vez más en la mira de los imperialistas. Para promover la contrarrevolución, éstos combinan el aprovechamiento de las aperturas económicas ofrecidas por la burocracia estalinista de Beijing, a través de las que buscan fomentar la contrarrevolución interna, con el incremento de la presión militar. China, el más poderoso de los estados obreros deformados restantes, está rodeada por todo un sistema de bases militares estadounidenses. Junto con Corea del Norte, se encuentra en la lista de objetivos potenciales del Pentágono para un primer ataque nuclear, en tanto que el programa estadounidense de Defensa Nacional de Misiles tiene el objetivo estratégico de neutralizar las modestas capacidades nucleares chinas.
Los gobernantes imperialistas procuraron aprovechar las Olimpiadas de Beijing 2008 para intensificar la presión que ejercen sobre China a través de su apoyo al Dalai Lama. En una provocación que prefiguró los motines en el Tíbet, en un espacio de cinco semanas a partir de septiembre de 2007, el Dalai Lama se reunió con la canciller alemana Angela Merkel en Berlín, el entonces presidente estadounidense Bush en Washington —la primera vez que un presidente estadounidense en funciones se reunió públicamente con el Dalai Lama— y el primer ministro canadiense Stephen Harper. En mayo de 2008 también el entonces primer ministro británico, Gordon Brown, se reunió con el Dalai Lama en Londres.
Aunque el gobierno de Bush había llamado a China a “contenerse” en el Tíbet, los demócratas han buscado superar a la pandilla de Bush en su beligerancia contra China. Después de que estallaron las revueltas en el Tíbet, la portavoz demócrata en la cámara baja, Nancy Pelosi, visitó el cuartel general del Dalai Lama en Dharamsala, India. En una declaración del 12 de marzo de 2008, Pelosi condenó “la violenta respuesta de las fuerzas chinas a los manifestantes pacíficos en el Tíbet”; la entonces aspirante a candidata presidencial demócrata, Hillary Clinton, emitió una declaración afirmando que “la represión en el Tíbet continúa” y Barack Obama hizo eco de Pelosi al condenar “el uso de la violencia para aplacar a manifestantes pacíficos”. De hecho, durante los violentos motines, las fuerzas de seguridad chinas “parecen haber actuado con relativa mesura”, como reportó la edición en línea del Economist (16 de marzo de 2008). Desde entonces, las presiones, amenazas y provocaciones imperialistas contra China se han sucedido una a otra.
Los falsos socialistas, por su parte, marchan sin perder el ritmo detrás de los intentos de sus gobernantes imperialistas de fomentar la contrarrevolución en China, de igual modo que apoyaron la destrucción contrarrevolucionaria de la URSS, una derrota histórico-mundial para el proletariado internacional que ha llevado devastación y miseria a los pueblos de la antigua Unión Soviética. En Francia, el Nuevo Partido Anticapitalista (en ese entonces Ligue communiste révolutionnaire), asociado con Socialist Action en EE.UU. y el PRT y la LUS en México, inmediatamente se solidarizó con los lamas, condenando la “represión ejercida por el régimen de Beijing” y llamando por la “autodeterminación” (declaración del 18 de marzo de 2008). Su afiliado japonés, Kakehashi, llamó por el “derecho a la autodeterminación del pueblo tibetano” y exigió que China “acepte un equipo de investigación internacional” (Kakehashi, 24 de marzo de 2008).
Mientras tanto, los reformistas del Committee for a Workers’ International (Comité por una Internacional Obrera), que publica China Worker y está asociado con Socialist Alternative (Alternativa Socialista) en EE.UU., han declarado que están por el “derecho a la independencia” del Tíbet. Aclamaron a las supuestas “capas radicales” entre la juventud tibetana en contraposición al “acercamiento conciliador” del Dalai Lama, aunque admiten que “la independencia nacional sobre una base capitalista no puede resolver en modo alguno los problemas de las masas empobrecidas” (China Worker, 18 de marzo de 2008). Estos oponentes del movimiento obrero revolucionario internacionalista, enemigos del estado obrero deformado chino, están dispuestos a entregar a las masas tibetanas al regreso de la lamacracia. Los llamados de los seudomarxistas a la “independencia” del Tíbet se encuentran a la derecha incluso del Dalai Lama, que admitió en 2005: “Conforme avanza el desarrollo material de China obtenemos conquistas materiales, como el tren. Si fuéramos un país separado sería muy difícil y no obtendríamos beneficios” (South China Morning Post, 14 de marzo de 2008).
Modelado a partir de la Unión Soviética después de la usurpación del poder político de la clase obrera por parte de la burocracia estalinista, el estado obrero chino estuvo deformado desde sus inicios. El Partido Comunista Chino (PCCh) de Mao Zedong que llevó a cabo la Revolución de 1949 no era un partido basado en la clase obrera, sino en el campesinado. Desde el inicio, el régimen del PCCh suprimió la acción independiente de la clase obrera, excluyéndola del poder político. Representando a una casta burocrática nacionalista que descansa sobre la economía colectivizada, el régimen estalinista de Beijing proclama la noción profundamente antimarxista de que el socialismo —una sociedad igualitaria y sin clases basada en la abundancia material— puede ser construida en un solo país. En la práctica, el “socialismo en un solo país” significó la adaptación al imperialismo mundial y la oposición a la perspectiva de la revolución obrera internacional.
En su vana búsqueda de la “coexistencia pacífica” con el imperialismo mundial, los falsos gobernantes estalinistas mismos socavan la defensa del estado obrero chino. Las declaraciones oficiales de Beijing condenando los motines del Tíbet responsabilizaron exclusivamente al Dalai Lama; lo que queda sin decir es el papel de los imperialistas. Pero como señaló un artículo de opinión en el New York Times (22 de marzo de 2008) escrito por un tal Patrick French, antiguo director de la “Campaña por un Tíbet Libre” en Londres: “La Campaña Internacional por el Tíbet, con sede en Washington, es ahora una fuerza más poderosa y efectiva sobre la opinión global que el grupo del Dalai Lama en el norte de la India”. Este partidario de un “Tíbet Libre” procedió a subrayar que “las organizaciones pro Tíbet europeas y estadounidenses son la cola que agita al perro del gobierno tibetano en el exilio”. También señaló que “después de peinar los archivos en Dharamsala” encontró “que no hay evidencia” para apoyar la afirmación hecha por su grupo y otros que pretenden un “Tíbet Libre” de que 1.2 millones de tibetanos han sido asesinados desde que los chinos entraron al Tíbet en 1950.
Parte de este mito es la popular distorsión promovida por el bando del Dalai Lama y por los imperialistas de que durante la Revolución Cultural Mao movilizó jóvenes estudiantes de la etnia han para “aplastar y destruir” mucho de lo que estaba al centro de la cultura tibetana. Pero fue en su mayoría la juventud tibetana la que destruyó muchas reliquias y palacios budistas. Wang Lixiong, en su muy serio artículo, “Reflexiones sobre el Tíbet” (New Left Review, marzo-abril de 2002), señala:
“La verdad es que, debido a la mala transportación y las enormes distancias implicadas, sólo un número limitado de Guardias Rojos de la etnia han llegaron en realidad al Tíbet. Aún si algunos de ellos participaron en el desmantelamiento de los templos, su acción sólo pudo haber sido simbólica. Cientos de altares se encontraban dispersos en pueblos, pastizales y las escarpadas laderas de las montañas: nadie hubiera sido capaz de destruirlos sin la participación de la gente local. Más aún, la mayoría de los Guardias Rojos que de hecho llegaron a la RAT [Región Autónoma del Tíbet] eran estudiantes tibetanos, que regresaban de universidades en otros lugares...
“Seguramente estas acciones son evidencia de que, una vez que se dieron cuenta de que podían controlar sus propios destinos, los campesinos tibetanos, en un gesto indudablemente liberador, hicieron a un lado el espectro de la próxima vida que había colgado sobre ellos por tanto tiempo y aseveraron por la fuerza que preferían ser hombres en esta vida que almas en la próxima”.
La mal llamada “Gran Revolución Cultural Proletaria”, que comenzó a mediados de los años 60, fue la movilización por parte de Mao de millones de jóvenes estudiantes para afianzar su posición en una guerra de pandillas fraccional al interior de la burocr acia. La Revolución Cultural infligió un enorme daño humano y económico sobre el Tíbet, como hizo en todo el resto de la República Popular China. Fue, de hecho, anticultural, incluyendo la cultura de los han al igual que el arte y la música occidentales. Al mismo tiempo, hubo de hecho chovinismo han. El lenguaje y el atuendo nativo tibetano —como fue el caso con todas las minorías nacionales— fueron atacados durante la Revolución Cultural.
Después de la muerte de Mao, Deng Xiaoping levantó las prohibiciones contra el lenguaje, el atuendo y los peinados tibetanos. Al mismo tiempo, se reconstruyeron y remozaron algunos monasterios y los monjes holgazanes —que antes se habían visto empujados a trabajar como un efecto secundario benéfico de la Revolución Cultural— regresaron a montones, hasta volverse entre 40 mil y 50 mil a fines de la década de 1990. Mientras tanto, las “reformas de mercado” iniciadas bajo Deng han incrementado los privilegios de los han en el área. Las conquistas auténticas obtenidas por las masas tibetanas a partir de la Revolución China de 1949 existen lado a lado con continuas desigualdades.
Más del 92 por ciento de la población de China es han. Es vital para el proletariado chino combatir el chovinismo han de la burocracia estalinista y oponerse a toda discriminación contra los tibetanos, los uighurs musulmanes de Xinjiang y otras minorías étnicas y nacionales. Lo que se necesita es una lucha para barrer con el dominio burocrático estalinista en China y remplazarlo con un régimen basado en la democracia obrera, expresada a través de consejos obreros y campesinos y arraigada en el internacionalismo marxista. Esto constituiría una revolución política obrera, no una revolución social. Su base sería la defensa del estado obrero chino y la lucha por la revolución socialista internacional. La clave para llevar a cabo esta perspectiva es el forjamiento de un partido trotskista en China. El destino del pueblo tibetano está inextricablemente ligado a la lucha por una revolución política proletaria en China y la revolución socialista en los países capitalistas —desde el Subcontinente Indio hasta Japón, EE.UU. y otros centros imperialistas—.
Allá en 1959, en la estela del fallido levantamiento tibetano, James Robertson, uno de los dirigentes fundadores de nuestra tendencia internacional y presidente nacional de la Spartacist League, escribió un volante que fue impreso en Young Socialist (junio de 1959), periódico de los Young Socialist Clubs (Clubes Juveniles Socialistas), antecedente del grupo juvenil del entonces trotskista Socialist Workers Party (SWP, Partido Obrero Socialista). Robertson había sido miembro de una organización schachtmanista que tenía una posición “tercercampista” (es decir no defensista) hacia la Unión Soviética. Siendo un ardiente comunista, fue ganado al trotskismo y se unió al SWP. Este volante, titulado “La brigada tibetana: Las lágrimas de cocodrilo manchan el hábito monacal” y publicado por el Eugene V. Debs Club de Berkeley, fue su primera declaración de defensismo soviético trotskista. En él afirmaba:
“La verdadera alternativa para el Tíbet si el control chino fuese expulsado no es la independencia como nación, sino la dependencia abyecta en el armamento, el dinero y los asesores estadounidenses...
“La victoria del gobierno comunista chino es claramente la opción progresista en la actual disputa. Sin embargo, reconocer esto no significa lavarle la cara al régimen. Pero aún de forma distorsionada, es parte de grandes y positivos cambios en el Asia continental, cambios que eventualmente serán el fin de los propios maoístas. A través de estas mismas conquistas, el régimen será derrocado por las masas de personas ansiosas por gobernar sus propios destinos sin intervención de una élite privilegiada. Ése es el futuro; los monjes gobernantes tibetanos son el pasado”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/35/tibet.html
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2016.05.24 15:28 ShaunaDorothy Las "reformas de mercado" en China: Un análisis trotskista ¡Defender al estado obrero deformado chino! ¡Por la revolución política proletaria! (1 - 2) (Primavera de 2007)

https://archive.is/mnbfW
Espartaco No. 27 Primavera de 2007
Las "reformas de mercado" en China: Un análisis trotskista
¡Defender al estado obrero deformado chino! ¡Por la revolución política proletaria!
El siguiente artículo ha sido traducido de Workers Vanguard Nos. 874 y 875 (4 de agosto y 1º de septiembre de 2006), periódico de nuestros camaradas de la Spartacist League/U.S.
Hace dos años, dos intelectuales estadounidenses de izquierda, Martin Hart-Landsberg y Paul Burkett, produjeron una severa y amplia condena a la economía china de la era de “reformas” desde una perspectiva supuestamente marxista. Su artículo, “China y el socialismo: Reformas de mercado y lucha de clases”, fue publicado originalmente en Monthly Review (julio-agosto de 2004) y subsecuentemente publicado como libro. En particular, los autores se dirigen a los intelectuales “progresistas” que consideran a China un modelo exitoso de desarrollo económico alternativo a las “reformas estructurales” del neoliberalismo, dictadas por el imperialismo estadounidense y el Fondo Monetario Internacional, que han devastado a muchos países subdesarrollados. Hart-Landsberg y Burkett escriben: “No sólo discrepamos con los progresistas que ven en China un modelo de desarrollo (sea socialista o no); pensamos que el proceso por el cual llegaron a esta posición subraya un problema aún más serio: el rechazo general del marxismo por la comunidad progresista.”
Entre los “progresistas” con quienes discrepan está Victor Lippit, quien, con sus copensadores en Critical Asian Studies (37:3 [2005]), respondió con algunos estudios críticos de “China y el socialismo”. A su vez, Hart-Landsberg y Burkett escribieron una larga réplica (Critical Asian Studies 37:4 [2005]).
Lippit, un político liberal que por mucho tiempo ha estudiado la economía china, es básicamente un partidario del programa de “reformas” orientadas al mercado, aunque con algunas críticas de izquierda. Por ejemplo, lamenta el deterioro en los sistemas de salud pública, especialmente en el campo, como “vergonzoso”. Para él, el régimen de Beijing debería gastar muchos más recursos en el cuidado de la salud, la educación y el mejoramiento de las condiciones de la población rural, incluso a costa de la reducción, por corto tiempo, del crecimiento económico como se mide convencionalmente. No obstante, Lippit es definitivamente un optimista sobre China; cita un estudio de Goldman Sachs, un banco inversionista de Wall Street, que proyecta que el producto interno bruto de China habrá sobrepasado al de Estados Unidos para 2041.
A pesar de sus diferencias, Hart-Landsberg y Burkett por un lado y Lippit por el otro comparten ciertas premisas básicas. Todos mantienen equivocadamente que las “reformas” orientadas al mercado han tenido como resultado la restauración del capitalismo en China y además que esto era inevitable. Para Lippit, la modernización de China requiere una continuación e incluso una integración cada vez mayor al sistema capitalista mundial. Él sostiene que “el capitalismo tendrá que haber concluido su papel histórico antes de que éste pueda ser suplantado”, agregando que “el capitalismo de estado benefactor del tipo de la Europa continental puede ser lo mejor que puede hacerse en el presente”. Para Hart-Landsberg y Burkett, un programa socialista en China o donde sea —el cuál identifican con la fórmula confusionista de una “economía centrada en los trabajadores y la comunidad”— debe tener poco o nada de comercio con los males corruptores del mercado capitalista mundial.
De manera más crucial, todos rechazan la posibilidad de revoluciones socialistas proletarias en los países capitalistas avanzados en cualquier periodo de tiempo históricamente significativo. Lippit lo hace explícitamente, Hart-Landsberg y Burkett implícitamente. Por tanto, la perspectiva trotskista de la modernización de China en el contexto de una economía socialista integrada y planificada a escala mundial está fuera de las fronteras conceptuales de estos protagonistas. Pero este marco, la antítesis del dogma nacionalista maoísta-estalinista de construir el “socialismo en un solo país”, es el único camino para la completa liberación de los trabajadores y las masas campesinas de China.
China hoy: Mitos y realidades
El gobernante Partido Comunista Chino (PCCh) bajo Deng Xiaoping introdujo su programa de reformas orientadas al mercado pocos años después de la muerte de Mao Zedong en 1976. Esto incluyó abrir a China a un enorme volumen de inversión directa de capital concentrado en la manufactura, que subsecuentemente atrajo, por parte de corporaciones occidentales y japonesas y de la burguesía China de ultramar. Los ideólogos burgueses convencionales han señalado el impresionante crecimiento económico de China, especialmente industrial, como prueba positiva de la superioridad de un sistema impulsado por el mercado sobre una economía centralmente planificada y colectivizada (despectivamente llamada “economía comandada” socialista). Por su parte, Lippit es representante de una capa de intelectuales de centro-izquierda que sostienen que China es un excelente ejemplo de una estrategia económica antineoliberal exitosa, basada en un nivel significativo de propiedad estatal y sobre todo en la dirección estatal de la economía.
Esta última perspectiva tiene el mérito de reconocer, a su manera, que los elementos centrales de la economía china, establecida después del derrocamiento del sistema capitalista con la Revolución de 1949, permanecen colectivizados. Las empresas estatales son dominantes en el sector estratégico industrial, tal como el acero, metales no ferrosos, maquinaria pesada, telecomunicaciones, energía eléctrica y refinación y extracción de petróleo. La nacionalización de la tierra ha impedido el surgimiento de una clase de capitalistas agrarios a gran escala que dominen socialmente al campo. El volumen de superávit económico generado fuera del sector de propiedad extranjera es canalizado tanto a los bancos estatales como a la tesorería gubernamental. El control efectivo del sistema financiero ha permitido hasta ahora al régimen de Beijing proteger a China de los movimientos volátiles del capital monetario especulativo que periódicamente causan grandes estragos en los países capitalistas neocoloniales desde el este de Asia hasta América Latina.
Ahora es un lugar común a través de todo el espectro político y geográfico, desde los voceros del régimen del PCCh hasta los analistas de Wall Street, proclamar que China ha avanzado mucho en el camino para convertirse en una “superpotencia” económica mundial hacia la mitad del siglo XXI. Esta perspectiva ignora la vulnerabilidad económica de China en sus relaciones con el mercado capitalista mundial. Ignora la implacable hostilidad de la burguesía imperialista, sobre todo de la clase gobernante estadounidense, hacia la República Popular China, un estado obrero burocráticamente deformado resultado de la Revolución de 1949. Es más, ignora la inestabilidad interna de la sociedad china, la cual ha visto un significativo y creciente nivel de protestas sociales contra las consecuencias del mal gobierno burocrático del PCCh.
En los últimos años, la estrategia económica seguida por el régimen del PCCh ha sido diseñada para lograr un enorme superávit en la balanza comercial con Estados Unidos, lo cual ha llevado a China a ser el más grande poseedor de reservas de divisas extranjeras en el mundo. Esto ha generado crecientes presiones por un proteccionismo económico antichino en los círculos gobernantes estadounidenses. En cualquier caso, tan solo el tamaño del déficit comercial con China será insostenible. Un mayor declive económico en Estados Unidos y/o medidas proteccionistas antiimportación significarían un severo golpe a la economía industrial china. Operaciones de propiedad extranjera y de propiedad conjunta y compañías privadas chinas, así como algunas empresas estatales cuya producción está orientada al mercado de exportación, serían forzadas a llevar a cabo grandes recortes de producción y despidos tanto de obreros industriales como de empleados de oficina. Esto tendría un fuerte efecto depresivo en toda la economía china.
Recientemente, China ha empezado a abrir parcialmente sus bancos a la propiedad extranjera. Si los banqueros de Wall Street, Frankfurt y Tokio adquieren un grado significativo de control sobre el sector financiero chino, los efectos económicos serán probablemente terribles. Algunas empresas estatales grandes con amplias deudas podrían ser forzadas a disminuir la producción y recortar las nóminas. Incluso podría haber un peligro real de una inesperada y masiva retirada de capital monetario, tal como la que provocó la crisis financiera y económica en el este asiático a finales de la década de 1990.
Según la opinión pública burguesa convencional, el capitalismo ya ha sido restaurado en China o está siendo rápida e irreversiblemente restaurado. Sin embargo, como fue el caso de la antigua Unión Soviética, la arena decisiva en la cual una contrarrevolución capitalista tendría que triunfar es al nivel político, en la conquista del poder estatal, no simplemente mediante una extensión cuantitativa del sector privado, ya sea doméstico o extranjero. A su propia manera, la burguesía imperialista, en especial la clase dominante estadounidense, entiende muy bien lo anterior. De ahí el abierto respaldo de los gobiernos de Estados Unidos e Inglaterra hacia los partidos y fuerzas agresivamente anticomunistas en el enclave capitalista de Hong Kong, una antigua colonia británica que es la única parte de la República Popular China (excepto Macao) donde el PCCh no ejerce el monopolio del poder y organización políticos. Por ende, también los gobernantes de Estados Unidos insisten en la necesidad de una “liberación política” en China.
Aspirando a repetir la destrucción contrarrevolucionaria de la Unión Soviética en 1991-92, los imperialistas quieren promover una oposición política anticomunista en China, basada principalmente en la nueva clase de empresarios capitalistas y los elementos entre los funcionarios del PCCh y el estrato de gerentes-profesionistas-tecnócratas atados estrechamente al capital nacional y extranjero.
Al mismo tiempo, el imperialismo estadounidense ha estado incrementando la presión militar sobre China, construyendo bases en Asia Central, intentando rodear a China con instalaciones militares y estableciendo un pacto con Japón el año pasado para defender el bastión capitalista de Taiwán, cuya burguesía sostiene considerables inversiones en la China continental. El Pentágono está tratando de llevar a cabo una estrategia abiertamente anunciada por la pandilla de Bush en Washington para neutralizar el pequeño arsenal nuclear de China en caso de un primer ataque nuclear estadounidense. Como trotskistas, estamos por la defensa militar incondicional de China y los estados obreros burocráticamente deformados restantes —Corea del Norte, Vietnam y Cuba— ante un ataque imperialista y la contrarrevolución capitalista. En particular, apoyamos las pruebas y posesión de armas nucleares de China y Corea del Norte, como una medida disuasiva necesaria contra un chantaje nuclear imperialista.
A pesar y en parte debido a su rápido crecimiento económico y especialmente industrial, China ha llegado a ser una caldera hirviente de descontento popular. Un enorme y estratégicamente poderoso proletariado industrial enfrenta a una sociedad de absoluta y creciente inequidad y desigualdad. Como parte de sus reformas orientadas al mercado, el régimen estalinista de Beijing ha dejado sin recursos financieros al servicio de salud pública y la educación primaria, cuando, más que nunca antes, tales recursos están disponibles para solventar las necesidades básicas del pueblo trabajador chino. Han ocurrido extensas y continuas protestas obreras contra despidos en empresas estatales, por salarios, pensiones y otras prestaciones no pagadas, y abusos similares. Furiosas protestas de campesinos son muy comunes en el campo, y frecuentemente incluyen enfrentamientos violentos con la policía, contra la toma de tierras por parte de funcionarios locales del PCCh dedicados a la especulación inmobiliaria.
La burocracia gobernante está claramente dividida entre los elementos que quieren que las “reformas” económicas continúen sin perder intensidad, y los que quieren más intervención estatal para frenar los estragos de la mercantilización y, por lo tanto, contener el descontento, y otros que procuran regresar a la economía burocráticamente planificada. En algún punto, probablemente cuando los elementos burgueses de dentro y alrededor de la burocracia se movilicen para eliminar el poder político del PCCh, las múltiples tensiones sociales explosivas de la sociedad china harán estallar en pedazos la estructura política de la casta burocrática gobernante. Y cuando eso pase, el destino del país más poblado de la Tierra será planteado agudamente: ya sea por una revolución política proletaria que abra el camino al socialismo o el regreso a la esclavitud capitalista y la subyugación imperialista.
Nosotros estamos por una revolución política proletaria que barra con la opresiva y parasitaria burocracia estalinista y la remplace con un gobierno basado en consejos de obreros y campesinos democráticamente electos. Tal gobierno, bajo la dirección de un partido leninista-trotskista, restablecería una economía centralmente planificada y administrada —incluyendo el monopolio estatal del comercio exterior— no por el arbitrario “comandismo” de una casta burocrática excluyente (que ha producido desastres tales como el del “Gran Salto Adelante” de Mao a finales de los años 50), sino por la más amplia democracia proletaria. Este gobierno expropiaría a la recién surgida clase de empresarios capitalistas chinos y renegociaría los términos de la inversión extranjera según los intereses de la población obrera china, insistiendo, por ejemplo, en mantener las condiciones de los trabajadores por lo menos al mismo nivel que en el sector estatal. Un gobierno obrero revolucionario en China promovería la colectivización voluntaria de la agricultura sobre la base del cultivo mecanizado y científico a gran escala, reconociendo que esto requiere ayuda material sustancial de revoluciones obreras exitosas en los países económicamente más avanzados.
Una revolución política proletaria en China alzando la bandera del internacionalismo socialista sacudiría en verdad al mundo. Haría añicos el clima ideológico de la “muerte del comunismo” propagado por las clases gobernantes imperialistas desde la destrucción de la Unión Soviética. Radicalizaría al proletariado de Japón, la fuerza industrial y el amo imperialista del este asiático. Provocaría una lucha por la reunificación revolucionaria de Corea —mediante una revolución política en la asediada Corea del Norte y una revolución socialista en la Corea del Sur capitalista— y reverberaría entre las masas del sur de Asia, Indonesia y las Filipinas, subyugadas por la austeridad imperialista. Sólo mediante el derrocamiento del dominio de la clase capitalista internacionalmente, particularmente en los centros imperialistas de América del Norte, Europa Occidental y Japón, puede conseguirse la completa modernización de China como parte de un Asia socialista. Es con el fin de proporcionar la dirección necesaria del proletariado en estas luchas que la Liga Comunista Internacional lucha por reforjar la IV Internacional de Trotsky, el partido mundial de la revolución socialista.
El desarrollo económico y la perspectiva mundial comunista
La diferencia entre Hart-Landsberg y Burkett por un lado y Lippit por el otro no es fundamentalmente sobre una evaluación empírica de las condiciones socioeconómicas cambiantes en China durante el pasado cuarto de siglo de la era de “reformas”. Por supuesto que tienen diferencias importantes al respecto —por ejemplo, sobre en qué medida cuantitativa se ha superado la pobreza—. Pero lo que básicamente separa a Hart-Landsberg y Burkett de Lippit es lo que podría nombrarse una jerarquía de valores diferente. Los primeros elevan los antiguos valores de igualdad y comunalidad por encima de la expansión de las fuerzas productivas, ignorando que esto último es una condición necesaria para la liberación de la mayoría de la humanidad de la escasez y el trabajo penoso. Así, argumentan en su réplica: “El éxito de China según los criterios de desarrollo estándares (crecimiento económico, afluencias de inversión extranjera directa y exportaciones), lejos de crear las condiciones para el éxito real o potencial en lo referente al bienestar humano, pudo haber minado, en cambio, las condiciones del desarrollo humano para la mayoría de la población trabajadora china.”
No menos que Lippit, o incluso que los partidarios del neoliberalismo, Hart-Landsberg y Burkett creen que el capitalismo en su presente forma “globalizada” se ve forzado a maximizar el crecimiento económico medido a través del incremento de los bienes y servicios. Esto es directamente contrario al entendimiento marxista de que el modo de producción capitalista y el sistema estado-nación, los cuales están enraizados en el impulso por la acumulación privada de ganancias, detienen el desarrollo progresista de las fuerzas productivas a escala mundial. Un ejemplo es el profundo y creciente empobrecimiento de las masas del África semicolonial, América Latina y partes de Asia.
Escribiendo a principios de los años 30 en el contexto de la depresión económica mundial y el resurgimiento de las rivalidades interimperialistas que pronto llevaron a la Segunda Guerra Mundial, León Trotsky explicó:
“El capitalismo se ha sobrevivido a sí mismo como sistema mundial. Ha dejado de cumplir su misión esencial, el incremento del poder y el bienestar humano. La humanidad no puede permanecer en el nivel que ha alcanzado. Sólo un poderoso incremento en las fuerzas productivas y una organización de la producción y la distribución racional y planificada, esto es, socialista, puede asegurar a la humanidad —a toda la humanidad— un nivel de vida decente y al mismo tiempo darle el precioso sentimiento de libertad con respecto a su propia economía. Libertad en dos sentidos —primero que nada, el hombre no estará más obligado a dedicar la mayor parte de su vida al trabajo físico. Segundo, ya no será más dependiente de las leyes del mercado…
“La tecnología liberó al hombre de la tiranía de los viejos elementos —tierra, agua, fuego y aire— sólo para sujetarlo a su propia tiranía. El hombre dejó de ser un esclavo de la naturaleza para convertirse en un esclavo de la máquina, y todavía peor, un esclavo de la oferta y la demanda. La actual crisis mundial testifica de manera especialmente trágica cómo el hombre, que se sumerge al fondo del océano, que se eleva a la estratosfera, que conversa a través de ondas invisibles con las antípodas, cómo este orgulloso y osado gobernante de la naturaleza permanece siendo esclavo de las fuerzas ciegas de su propia economía. La tarea histórica de nuestra época consiste en remplazar el incontrolable papel del mercado por la planeación razonable, disciplinando las fuerzas de la producción, obligándolas a trabajar juntas en armonía y obedientemente para servir a las necesidades de la humanidad. Sólo sobre esta nueva base social el hombre será capaz de estirar sus cansados miembros y —todo hombre y toda mujer, no sólo unos pocos seleccionados— convertirse en un ciudadano completo en el reino del pensamiento.”
—“En defensa de la Revolución Rusa” (1932), reimpreso en Leon Trotsky Speaks [Discursos de León Trotsky] (1972)
Esta genuina visión marxista del futuro es completamente ajena al pensamiento de Hart-Landsberg y Burkett.
Panaceas anarco-populistas...
Lo que Hart-Landsberg y Burkett contraponen al neoliberalismo es la noción de una “economía centrada en los trabajadores y la comunidad”. Tanto el término como el concepto son totalmente ajenos al marxismo. “Comunidad” es un término convencional burgués que sirve para oscurecer las divisiones de clase y los conflictos de intereses en la sociedad. Aplicada en particular a China, la noción de una “economía centrada en los trabajadores y la comunidad” oscurece la diferencia de clases entre los trabajadores y los campesinos. El último es un estrato pequeñoburgués cuyos ingresos se derivan de la propiedad y venta de bienes. Los campesinos tienen un interés material en que los productos comestibles y otros productos agrícolas que ellos venden tengan precios altos en comparación con los precios de los bienes manufacturados que deben comprar tanto para la producción (por ejemplo, fertilizantes químicos, equipo de cultivo) como para el consumo personal. Además, el interés de los campesinos por los precios altos en los productos comestibles no es eliminado mediante la transformación de las parcelas familiares en colectivos agrícolas. El ingreso para los miembros de los colectivos sigue dependiendo en gran medida de los precios que reciben al vender su producción, ya sea a una agencia gubernamental de aprovisionamiento o en el mercado privado.
A pesar de declararse marxistas, la perspectiva de Hart-Landsberg y Burkett equivale a una forma de anarco-populismo. Su noción de una “economía centrada en los trabajadores y la comunidad” tiene una afinidad con el clásico programa de una federación de comunas políticamente autónomas y en gran medida económicamente autosuficientes asociado con el aventurero anarquista Mijaíl Bakunin en el siglo XIX. Esto puede observarse en la naturaleza de su crítica a la economía china durante la era de Mao, al sostener que la sobrecentralización de la economía fue ineficiente y, de manera más importante, al identificar implícitamente una economía centralmente planificada con control político autoritario:
“La planificación económica se había vuelto sobrecentralizada y, conforme la economía se volvía más compleja, incapaz de responder efectiva y eficientemente a las necesidades de la gente...
“Había una necesidad crítica de construir sobre la solidez de los logros obtenidos por China en el pasado y de conferir poder a los obreros y campesinos para crear nuevas estructuras de toma de decisión y planificación. Entre otras cosas, esto implicaba una reestructuración y descentralización de la economía y de la toma de decisiones por parte del estado para aumentar el control directo de los productores asociados sobre las condiciones y productos de su trabajo.”
Hart-Landsberg y Burkett condenan las crecientes desigualdades generadas por el programa de “reformas” orientadas al mercado. No obstante, lograr un nivel uniforme de salarios y prestaciones en todas las diferentes empresas, industrias y regiones necesariamente requiere una economía centralmente administrada. Solamente un sistema así es capaz de redistribuir los recursos económicos de las empresas, industrias y regiones más productivas hacia las menos productivas.
En las aproximadamente 150 páginas de “China y el socialismo” y la réplica a Lippit y otros, Hart-Landsberg y Burkett no explican cómo una “economía centrada en los trabajadores y la comunidad” funcionaría en los hechos. La mayor parte del tiempo usan esa formulación como un mantra para espantar a los males del neoliberalismo. En algún momento dan como un ejemplo hipotético “la creación de un sistema nacional de salud”, explicando que:
“esto requeriría desarrollar una industria de la construcción para edificar clínicas y hospitales, una industria farmacéutica para tratar enfermedades, una industria de máquinas-herramientas para hacer equipo, una industria de programas de computación para llevar un registro y un sistema educativo para entrenar doctores y enfermeras, etc., todo determinado por el desarrollo de las necesidades y capacidades de la población a los niveles local, nacional y regional.”
En ningún lugar mencionan las instituciones políticas y mecanismos económicos estructurales necesarios para lograr esta loable tarea. ¿Cómo se determinaría la fracción del total de recursos económicos disponibles a gastar en el sistema de salud, y no en otras necesidades tales como la inversión en la expansión industrial y la infraestructura, defensa militar, educación, pensiones, etc.? La coordinación de actividades económicas diferentes (por ejemplo construcción, equipo médico, programas de computación) para desarrollar el sistema de salud requeriría una planificación y administración centralizada. Tal sistema es totalmente compatible con la participación democrática activa de los trabajadores en el lugar de producción, por ejemplo, aconsejando sobre el mejor uso de la tecnología, estableciendo y reforzando estándares seguros, manteniendo una disciplina laboral y cosas por el estilo. La división del total de los recursos económicos entre necesidades contendientes debería ser debatida y decidida en el nivel más alto de un gobierno basado en la democracia proletaria, es decir, un gobierno de consejos obreros y campesinos. La democracia proletaria es esencial para el funcionamiento racional de una economía planificada.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/27/china.html
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2016.05.21 23:15 ShaunaDorothy Los ataques derechistas de Fox y las tareas de la clase obrera: ¡Romper con AMLO y el PRD! ¡Forjar un partido obrero! (2 - 2) (verano de 2005)

https://archive.is/XBIt5
Un proyecto alternativo de subordinación
En su libro Un proyecto alternativo de nación, que en realidad es poco más que una gran colección de lugares comunes y sueños de opio sobre cómo México se convertirá en un paraíso de justicia social una vez que el PRD dirija sus destinos, AMLO presenta una serie de propuestas para resolver uno de los problemas más añejos y candentes del país: la tierra. Pero su programa para “reactivar el campo” es una burda broma. El objetivo es “armonizar y apoyar, al mismo tiempo, la producción de autoconsumo, la producción para el mercado interno y la producción para exportar”. ¿Cómo lograrlo?:
“Habría que promover el fortalecimiento de la economía de autoconsumo en las comunidades. El propósito es que, con pequeños apoyos, se fomenten las actividades productivas tradicionales...
“Hay casos excepcionales en comunidades indígenas donde todavía se produce casi todo lo que se consume. Está también, por ejemplo, lo que históricamente ha sucedido en pueblos como los de Tlaxcala donde los campesinos, en pequeñas porciones de tierra, cultivan maíz, con buena productividad, y tienen en sus patios borregos, chivos, vacas y el telar dentro de la casa.”
¡A los campesinos tlaxcaltecas les va tan bien que arriesgan su vida para emigrar en masa a EE.UU.! Además, AMLO dice: “La acción gubernamental que proponemos debe orientarse al otorgamiento de créditos a la palabra, para la compra de animales, granos y semillas, materiales de trabajo, insumos y todo aquello destinado a fortalecer las actividades productivas y las tecnologías tradicionales.” ¿Qué significa “tecnologías tradicionales”? ¿Bueyes famélicos para jalar arados? ¿Lodo para construir chinampas?
La agricultura mexicana, en gran parte de autoconsumo, no puede competir con las grandes plantaciones industrializadas estadounidenses, que además abarcan inmensas extensiones de tierra fértil que simplemente no existen en México. Para dar un ejemplo de las enormes diferencias, aquí hay un tractor por cada 100 personas involucradas en la agricultura, mientras que en Estados Unidos hay 1.5 tractores por cada trabajador rural. Hacer productivo al campo mexicano no requiere “tecnología tradicional” sino tecnología moderna: tractores, sistemas de riego, plantas procesadoras, fertilizantes y educación científica para los campesinos. Pero ésta es una meta imposible en el marco del capitalismo subdesarrollado; para hacerla realidad se necesita una revolución obrera apoyada por la guerra campesina, expropiando a la burguesía y a los latifundistas. Esta perspectiva no puede estar separada de la lucha por la extensión de la revolución al coloso del Norte, que haría posible obtener la tecnología necesaria para sacar al campo y sus habitantes del atraso y la miseria.
La emancipación nacional que las masas añoran y AMLO promete supone una economía industrial moderna. Pero el capitalismo mexicano no puede desembarazarse del imperialismo. En cuanto a la industria maquiladora, AMLO sostiene:
“Proponemos un trato directo con empresarios para detener la emigración de las maquiladoras. Es cierto que en China o en otras partes del mundo hay más ventajas comparativas, sobre todo por el bajo costo que representa la mano de obra, pero es posible ofrecer otros incentivos y revalorar la importancia que reviste la cercanía de nuestro país con el mercado más grande del mundo.”
La única forma de hacer competitiva la industria maquiladora es abaratar aún más la mano de obra, ofrecer mayores ventajas fiscales a los inversionistas chupasangre y continuar el régimen laboral draconiano establecido por los llamados “contratos de protección”.
¡Por la revolución obrera!
Las políticas reaccionarias del PRD no son el resultado de una traición encubierta ni de la corrupción de tal o cual dirigente, sino la consecuencia lógica e ineludible de su carácter de clase. En un país capitalista atrasado y dependiente como México —en el que la clase dominante nacional depende abrumadoramente de los créditos y la inversión de sus amos en Estados Unidos— toda alternativa política que, como el PRD, plantee la conservación del capitalismo mexicano, es decir, que defienda en última instancia el dominio y los intereses de algún ala de la burguesía nacional, se verá obligada a rechazar en los hechos las reivindicaciones democráticas que promete. Así, enfrentando en su propio territorio un proletariado moderno y socialmente poderoso y un vasto campesinado descontento, en última instancia la burguesía nacional es mucho más hostil a “sus propias” masas que a sus amos estadounidenses. Independientemente de su retórica, no existe un ala antiimperialista de la burguesía. Lo único que pueden plantear los nacionalistas burgueses es negociar de mejor manera los términos de su propia subordinación al imperialismo y de la consecuente cancelación de los derechos democráticos de su población. El PRD ni siquiera se opone al TLCAN, que por naturaleza es un “tratado” para la rapiña unilateral de la economía mexicana por los imperialistas, sino que sólo lo quiere “renegociar”.
La vinculación inseparable de las amplias reivindicaciones democráticas no resueltas con la lucha internacional y socialista del proletariado está en el centro de la teoría de la revolución permanente de León Trotsky. En una de sus “Tesis Fundamentales” de la revolución permanente, explicó:
“Con respecto a los países de desarrollo burgués retrasado, y en particular de los coloniales y semicoloniales, la teoría de la revolución permanente significa que la resolución íntegra y efectiva de sus fines democráticos y de su emancipación nacional tan sólo puede concebirse por medio de la dictadura del proletariado, empuñando éste el Poder, como caudillo de la nación oprimida y, ante todo, de sus masas campesinas.”
El campesinado, sumido en las regiones más remotas y atrasadas, es parte de la heterogénea capa que los marxistas llamamos pequeña burguesía. Los campesinos sin tierras se encuentran reducidos, en el mejor de los casos, a la producción de autoconsumo y carecen de poder social. Los minifundistas compiten entre sí por colocar sus productos en el mercado. Su interés se encuentra en la propiedad privada de la tierra. Por ello, el campesinado es incapaz de reorganizar la sociedad, de desempeñar un papel revolucionario independiente. El campesinado actual es producto del rezago inherente al capitalismo tercermundista; lucha contra las grandes plantaciones mecanizadas, cuyo avance convierte a muchos campesinos en proletarios rurales. Los comunistas tomamos lado con los campesinos en sus luchas contra los latifundistas y el gobierno y buscamos ganar su apoyo a la revolución socialista, pero entendemos que, en tanto que lucha por mantener su existencia contra el capitalismo industrial moderno, el campesinado pretende echar atrás la rueda de la historia. El campesinado pobre, todavía compuesto por millones de personas, puede desempeñar un papel importante en la revolución, pero éste estará necesariamente subordinado a la dirección del proletariado industrial urbano.
La clase obrera o proletariado es la encargada de echar a andar, colectivamente, todos los engranajes de la economía industrial moderna —las fábricas, las comunicaciones, los transportes—. Al no poseer más que su propia fuerza de trabajo, la clase obrera no tiene interés en la continuidad del régimen de la propiedad privada; su interés histórico está en la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, la cual pondría la economía entera al servicio de las necesidades humanas y sentaría la base fundamental para erradicar la explotación, la opresión y la miseria. Por ello, la clase obrera es la única clase genuinamente revolucionaria de nuestra época capaz de dirigir a los campesinos, las masas urbanas empobrecidas y todos los oprimidos en la lucha por su emancipación.
La Revolución Rusa señala el camino hacia adelante en México. En efecto, la perspectiva trotskista fue confirmada en la práctica por la Revolución Bolchevique de Octubre de 1917. En esa fecha la clase obrera rusa tomó en sus manos las tareas de la revolución democrática que el régimen burgués no había podido resolver: liberó a su país del yugo imperialista al desconocer la deuda externa contraída por el zar y la burguesía, sentó las bases para la emancipación de la mujer y dictó leyes prohibiendo todo tipo de discriminación contra homosexuales y minorías étnicas. También abolió la propiedad privada sobre la tierra y llamó al campesino pobre a emprender una revolución agraria que destruyera el latifundio y los restos del peonaje feudal. Pero para hacer esto realidad fue necesario emprender la expropiación de los medios de producción y establecer una economía colectivizada y planificada, así como el monopolio estatal del comercio exterior. En lugar del parlamentarismo burgués, la Revolución Rusa instauró la democracia obrera a través de los soviets, consejos de diputados obreros y soldados encargados de dirigir la economía y la sociedad entera. Esto es lo que significó un gobierno obrero: el gobierno basado en el proletariado y apoyado por el campesinado. Estas medidas sentaron las primeras bases para la reorganización socialista de la sociedad. Ciertamente, con el grado de interpenetración de la economía moderna, y como lo mostró el ejemplo de la Unión Soviética, ningún país puede crecer aislado del intercambio mundial. Así, desde su nacimiento mismo, un partido revolucionario victorioso en un país atrasado —y más en uno que comparte una frontera con EE.UU.— tendría que luchar, como parte de un solo partido internacional, por la revolución proletaria dentro del monstruo imperialista estadounidense y a escala internacional. De hecho, sólo el triunfo de la revolución obrera en EE.UU. podría asegurar la genuina emancipación nacional de México. La clase obrera multirracial estadounidense, en particular su estratégico componente negro, es potencialmente el aliado más poderoso de los obreros mexicanos. Como escribieron recientemente nuestros camaradas estadounidenses en un artículo denunciando las atrocidades racistas de los paramilitares “Minutemen” y exigiendo plenos derechos de ciudadanía para todos los inmigrantes:
“Una defensa efectiva de la clase obrera requiere un programa internacionalista que exprese los intereses de clase comunes en ambos lados de la frontera trazada cuando EE.UU. robó de México en 1848 gran parte del actual suroeste estadounidense. La lucha por los derechos de los inmigrantes debe verse como parte de la lucha contra todas las formas de opresión. En EE.UU. esto significa una lucha contra la opresión de los negros, la piedra angular del capitalismo estadounidense. Los obreros deben luchar contra los intentos de los gobernantes capitalistas de enfrentar a un grupo oprimido contra otro, como la reciente declaración grotesca del presidente derechista mexicano Vicente Fox de que los trabajadores mexicanos ‘hacen el trabajo que ni siquiera los negros quieren hacer en EE.UU.’”
Los millones de obreros y campesinos mexicanos y centroamericanos que emigran “ilegalmente” a EE.UU., sorteando toda clase de peligros, carecen de derechos y se ven obligados a tomar los trabajos más arduos y peor pagados. Pero al racista e hipócrita Fox no podrían importarle menos los trabajadores mexicanos y los negros. ¡Por lucha de clases conjunta en México y EE.UU. contra los gobernantes capitalistas!
La LTS: Reformismo “Libre y Soberano”
Dentro de los que se reclaman “trotskistas”, la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) se opuso a los ataques antidemocráticos del PAN y el PRI sin dejar de enfatizar correctamente su denuncia tanto del PRD como partido burgués como de los grupos “socialistas” que colaboran con éste (Estrategia Obrera No. 43, 16 de abril de 2005). Sin embargo, el fin estratégico al que la LTS vincula su posición sobre el desafuero es explícitamente reformista y no revolucionario: que las masas mexicanas se movilicen para “imponer una Asamblea Constituyente Libre y Soberana en la que se discutan las grandes demandas de las mayorías obreras y campesinas del país”. Esta asamblea constituyente estaría abierta “no sólo al PRD y a AMLO sino también al conjunto de las organizaciones sociales, sindicales y de izquierda”, y “discutiría” cuestiones democráticas candentes como la “reforma agraria radical”, “empleo y salarios dignos”, el dejar de pagar la deuda externa y la cancelación de “todos los tratados, como el TLC, que nos subordinan al imperialismo norteamericano” (Ibíd.). La LTS asigna a una asamblea constituyente, es decir, un cuerpo parlamentario burgués —¡prometiendo de antemano que incluiría al PRD!—, la tarea de resolver las justas aspiraciones de las masas. Echando por la borda la revolución permanente, el plan de la LTS no menciona ni de pasada que la solución de estas cuestiones requiere la revolución socialista: la implantación de una economía colectivizada y planificada y la lucha por extender el poder obrero a nivel internacional.
Para los comunistas, el llamado por una asamblea constituyente —es decir, una asamblea legislativa dentro del marco de la democracia burguesa— se justifica en situaciones en las que las leyes vigentes no formalizan ni siquiera las libertades democráticas más básicas (como es el caso de las dictaduras militares o bajo gobiernos democrático-burgueses no consolidados como el “Gobierno Provisional” ruso de febrero de 1917). En esos casos, este llamado puede usarse para vincular las aspiraciones concretas e inmediatas de la gente con la necesidad de la lucha por la revolución socialista: es, pues, una “consigna de transición” de la conciencia espontánea de las masas a la conciencia revolucionaria. Sin embargo, si este llamado se usa, como lo hace la LTS, como un medio para simplemente “mejorar” la democracia capitalista existente en un país atrasado, funciona exactamente como lo opuesto, consolidando la ilusión de que la democracia capitalista es susceptible a mejorías cualitativas. Vincular las aspiraciones de las masas a una democracia más plena no con la lucha por la revolución socialista sino con una “Asamblea Constituyente Libre y Soberana” implica un programa “de transición” de la lucha espontánea de las masas...al reformismo consciente.
El GI: De la ruptura con el trotskismo a la ruptura con la realidad
Pero sin duda el más pintoresco de los grupos seudotrotskistas es el (mal) llamado Grupo Internacionalista (GI), cuyo núcleo dirigente está formado por antiguos miembros de nuestra organización. Durante años nos han acusado estridentemente de “abstencionismo” y “propagandismo abstracto”, mientras que ellos prometen encontrar el camino hacia las masas. Habiendo roto, en los hechos, con el marxismo revolucionario, para justificar su existencia el GI se deshizo primero de la honestidad básica, pero ahora también ha tenido que romper con la realidad.
En su más reciente publicación en español (El Internacionalista No. 5, mayo de 2005) este grupúsculo se jacta de la más absoluta indiferencia frente a la campaña jurídica contra López Obrador. Lo extraordinario del caso es que, en el mismo artículo, el propio GI asegura que defiende “el elemental derecho democrático de que cualquier partido político se presente en las elecciones con los candidatos que decida” y reconoce que:
“Lo que [el gobierno de Fox y el PRI] quieren es que, una vez que esté sujeto a proceso penal, según Artículo [sic] 111 de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, ‘AMLO’ carezca del derecho a participar en las elecciones.”
¿Cómo explican esa contradicción evidente? Pues con este absurdo argumento, que dan inmediatamente después:
“Pero pasarán meses hasta que esto se concrete. En este momento, [López Obrador] ni siquiera es candidato del PRD (hay otros, incluyendo el sempiterno candidato perredista Cuauhtémoc Cárdenas, que disputan la candidatura), y ningún partido ha presentado, ni mucho menos inscrito, a su abanderado... En caso de que Fox y el PRI se atrevan a realizar su locura...entonces defenderíamos el derecho de López Obrador a presentarse como candidato presidencial...
“...hasta ahora no se ha negado el derecho de AMLO de presentar su candidatura. Pretender lo contrario es entrar de plano en la jugada electorera del PRD...”
¿O sea que el GI sólo defendería los derechos democráticos de un candidato oficial del PRD? ¡Vaya criterio marxista! En realidad, la “locura” de Fox y el PRI que el artículo del GI situaba en un futuro hipotético (“en caso de que se atrevan...”) ya llevaba más de quince días de haber llegado a su punto culminante (el desafuero) para cuando el GI fechó este artículo (25 de abril de 2005). No deja de ser cómico que apenas dos días después de la fecha de este artículo, y tres días antes de la fecha del periódico en que aparece por primera vez, el propio Fox reconoció implícitamente que sí estaba atentando contra los derechos políticos de López Obrador, y dio marcha atrás. Al negar que el ataque a los derechos democráticos era ya una realidad vigente, los charlatanes del GI hubieran entrado en un bloque de facto con el gobierno foxista...de no ser porque llegaron demasiado tarde. Pero tal vez el depuesto procurador, el general Macedo de la Concha, todavía aprecie sus argumentos.
El GI nos regaña también por oponernos al desafuero de AMLO porque el fuero de funcionarios del poder ejecutivo, sostiene, es una “medida antidemocrática”. Para justificar su negativa a defender un derecho democrático elemental en lo concreto, el GI recurre a abstracciones democráticas. Nosotros tomamos posición contra el desafuero de López Obrador con base en los intereses de la clase obrera en el caso concreto, no en generalizaciones sobre formalidades de la ley burguesa tales como si debería o no la cámara de diputados votar para que se procese a un funcionario cualquiera con base en cualquier acusación. La cuestión es bastante simple: 1) expropiar un predio para construir un acceso a un hospital no es ningún crimen contra el proletariado; 2) la acusación no era más que una patraña antidemocrática del clerical Fox y cía. para deshacerse del nacionalista burgués AMLO como contendiente a la presidencia.
Entendiblemente, muchos jóvenes izquierdistas que están hartos del lodazal de la política capitalista sienten que los revolucionarios nunca deben tomar lado en rencillas “interburguesas” ni oponerse a las injusticias estatales cuando sus víctimas sean políticos capitalistas, ya que, desde el punto de vista moral, estos tipos “se lo merecen”. Estos son los sentimientos a los que el GI apela. Sin embargo, este criterio no ha sido nunca el del marxismo. La labor de los comunistas no es adaptarse a la conciencia existente, sino elevarla, diciendo la verdad con toda su complejidad. La polarización en la sociedad a raíz de la maniobra foxista planteó a quemarropa la aplicación concreta de la revolución permanente. El GI podrá citar al derecho y al revés los escritos de Trotsky pero, al rehusarse a oponerse al ataque de Fox, renuncia a la esencia de la perspectiva trotskista: la lucha por las demandas democráticas de la población en los países subdesarrollados es una fuerza motriz de la revolución socialista. En los hechos, este grupo le da la espalda a los millones de obreros que luchan por sus derechos democráticos.
El GI afirma: “Lejos de que la embestida contra AMLO sea resultado de un complot entre Fox y los imperialistas norteamericanos (como afirman falsamente los seudomarxistas de Militante), en su visita a principios de marzo la mismísima secretaria de estado de EE.UU., la halcona Condoleezza Rice, afirmó que el gobierno de EE.UU. aceptaría con beneplácito un gobierno de izquierda en México. Según reportó Reforma (10 de marzo), ‘Rice descartó que a Estados Unidos le generen preocupación los triunfos electorales y los gobiernos encabezados por políticos de izquierda.’” ¡Que fe tan conmovedora muestra el GI en las promesas del gobierno de Bush! No sabemos qué negociaciones secretas sucedieron entre Fox y sus amos imperialistas. Si por ahora los imperialistas estadounidenses encuentran expedito restringir a Fox por preocupación de que su campaña por el desafuero podría desestabilizar México, sólo alguien muy inocente concluiría que los imperialistas han renunciado a su práctica de muchas décadas de usar a la CIA y otras fuerzas para fomentar las intervenciones militares en América Latina contra regímenes que les displacen.
La poca importancia que el GI da a los muy reales peligros planteados por las provocaciones del gobierno derechista de Fox recuerdan el gentil trato que este grupo dio a los dirigentes de la federación sindical venezolana CTV, quienes están estrechamente ligados a la CIA y han desempeñado un papel activo en los fallidos golpes de estado patrocinados por los imperialistas contra el populista-bonapartista Hugo Chávez. En un artículo de noviembre de 2000, el GI minimizó los peligros de la intervención imperialista en Venezuela y las conexiones entre la CTV y los imperialistas. Su doble discurso es evidente en el hecho de que el GI considera que la corporativista CTV es una federación sindical genuina, mientras que afirma que la igualmente corporativista CTM mexicana (que en ocasiones lleva a cabo huelgas contra los patrones) “representa al enemigo de clase” (El Internacionalista/Edición México, mayo de 2001). Según las concepciones del GI, los únicos sindicatos verdaderos en México son los “independientes”, dirigidos por burócratas afines al PRD. (Ver “El Grupo Internacionalista sobre Venezuela: El oportunismo une las parejas más extrañas”, Espartaco No. 19, otoño-invierno de 2002.) Al tropezar a menudo con la línea de clases y oscilar entre la conciliación de nacionalistas burgueses de izquierda del PRD y la ceguera ante provocaciones derechistas, el GI es incapaz de defender la independencia de clase del proletariado.
El GI también nos acusa de repetir “la propaganda electoral del PRD y unirse a su campaña” por haber escrito en Workers Vanguard (No. 846, 15 de abril), en la introducción a una traducción de nuestro volante del 7 de abril, que Fox es un “añejo aliado de Bush y un favorito de los imperialistas estadounidenses”. El que el GI arremeta contra una afirmación tan obvia es un testimonio de su alejamiento de la realidad. No hace falta ser un marxista para darse cuenta de que Fox es un lamebotas del imperialismo estadounidense, y sus políticas económicas derechistas y atraso religioso oscurantista se identifican con los de la actual administración republicana. El PRD denuncia estos hechos demagógicamente para apuntalar su propia popularidad al tiempo que deja claro a sus amos en el norte que AMLO no es un “Chávez mexicano”, como sostienen sus oponentes en la derecha.
Polemizando contra nosotros, el GI también escribe:
“Tomar partido por López Obrador en contra del ataque de Fox, no importan las salvedades que añaden aparte, es darle apoyo político. Pensamos en casos paralelos: ‘¡Abajo con el ataque de los republicanos contra el presidente Clinton!’ durante el impeachment, por ejemplo. O, ‘¡Abajo con el ataque de Bush contra Gore!’ luego de las elecciones de 2000 cuando la presidencia de EE.UU. fue decidida por un derechista Tribunal Supremo. No importaría cuántas veces se dijera ‘Romper con el Partido Demócrata!’ [sic] esto habría implicado indiscutiblemente dar apoyo político a un sector de la burguesía.”
El GI implica, en retrospectiva, que fue indiferente al ataque derechista de los republicanos contra Clinton. En 1998 los republicanos sometieron a Clinton a un impeachment, similar a un juicio político, por haber mentido sobre sus relaciones sexuales con Monica Lewinsky. Este juicio fue parte de una cruzada moralista reaccionaria —que Clinton mismo había promovido ampliamente— para apuntalar los “valores familiares”. Como escribieron nuestros camaradas estadounidenses entonces en un artículo titulado “La campaña del impeachment amenaza el derecho de todos a la privacía”:
“La campaña para destituir a Bill Clinton de la presidencia por su relación sexual consensual con la antigua empleada de la Casa Blanca, Monica Lewinsky, plantea una amenaza para cada uno de nosotros. Lo que está en entredicho es uno de los más elementales derechos democráticos, el derecho a la privacía, que en la práctica se reduce al derecho a tener una vida sexual privada sin que las autoridades estatales y eclesiásticas se entrometan o espíen. Los políticos y medios de comunicación están persiguiendo a Clinton por la única cosa que ha hecho que no es un crimen desde el punto de vista de la clase obrera.”
—Workers Vanguard No. 697, 25 de septiembre de 1998
En general, una de las marcas más distintivas y únicas del comunismo es la capacidad de distinguir entre la oposición a ataques reaccionarios y el apoyo político a las víctimas de estos ataques. Pero el GI encuentra muy difícil hacer esta distinción.
Norden vs. Norden
El GI tiene en verdad mucho que explicar para justificar su línea. En julio de 1988, ante el evidente fraude electoral que llevó a Salinas a la presidencia por encima de Cuauhtémoc Cárdenas, incluso antes de que se diera a conocer el resultado de las elecciones escribimos en Workers Vanguard, cuyo editor era nada menos que Jan Norden, hoy el principal dirigente internacional del GI:
“Si Cárdenas fue elegido presidente, los marxistas defendemos su derecho a asumir el cargo. Pero no sumamos nuestras fuerzas al bloque político cardenista burgués, sino que defendemos los derechos democráticos de los obreros por medios proletarios.”
—“México: Erupción sobre elecciones”, Spartacist No. 21, octubre de 1988
Ésta fue una posición genuinamente trotskista en contradicción con la actual indiferencia del GI a los mismos derechos democráticos. Los pretextos absurdos que el GI presenta hoy para justificar su posición agnóstica respecto a la intentona de fraude foxista sólo sirven para ocultar deshonestamente su ruptura con esta tradición.
En un caso similar, en 1984 ofrecimos contribuir con un equipo de seguridad compuesto de sindicalistas y partidarios de la Spartacist League para defender la Convención Nacional Demócrata contra crecientes amenazas de ataques por parte de los republicanos del beligerante lunático Reagan. Entonces escribimos: “La profunda diferencia política y de clase entre la Spartacist League y el Partido Demócrata en ninguna manera contradice nuestra posición de que el Partido Demócrata tiene el derecho de reunirse y nominar a sus candidatos” (ver Workers Vanguard No. 358, 6 de julio de 1984). ¿Norden ha cambiado de parecer? Irónicamente, nuestros oponentes seudotrotskistas en aquel entonces nos acusaron de capitular a los demócratas al inventar una “amenaza ficticia” a la Convención Demócrata, como hoy el GI declara inexistente el ataque bonapartista de Fox.
Si bien el caso de AMLO se trata de un ataque jurídico y no un golpe militar, nuestra posición en defensa de derechos democráticos bajo un ataque derechista tiene un precedente fundamental en la lucha de los bolcheviques contra Kornílov en agosto-septiembre de 1917, en la víspera de la Revolución Rusa. En ese entonces Rusia era aún gobernada por el Gobierno Provisional burgués encabezado por Aleksandr Kerensky. El gobierno de Kerensky, carente de una base social, trataba de balancearse entre el proletariado y la burguesía autocrática. El descontento creciente entre los obreros y la oposición de los soviets obreros maniataba al Gobierno Provisional. La burguesía y los monarquistas estaban también hartos de la “inestabilidad” social y la debilidad del gobierno, incapaz de aplastar a los obreros. Bajo estas circunstancias, el general Kornílov —un Pinochet antiguo— se aventuró en un intento de golpe de estado para derrocar al gobierno de Kerensky y aplastar a los soviets. Lenin argumentó por un cambio de táctica: había que luchar con las tropas de Kerensky contra Kornílov, sin dar ningún apoyo político al primero y sin dejar de denunciar el carácter burgués de su gobierno, pues el ataque de Kornílov estaba dirigido, a fin de cuentas, contra las masas. Lenin escribió:
“¿En qué consiste, pues, nuestro cambio de táctica después de la rebelión de Kornílov?
“En que cambiamos la forma de nuestra lucha contra Kerenski. Sin aflojar un ápice nuestra hostilidad hacia él, sin renunciar a la tarea de derrocar a Kerenski, decimos: hay que tener en cuenta la situación actual. No vamos a derrocar a Kerenski ahora. Encararemos de otra manera la tarea de luchar contra él, o más precisamente, señalaremos al pueblo (que lucha contra Kornílov) la debilidad y las vacilaciones de Kerenski. Eso también se hacía antes. Pero ahora pasa a ser lo fundamental; en esto consiste el cambio.”
Según la nueva línea del GI, Lenin estaba dándole apoyo político a Kerensky, “no importa las salvedades que añaden aparte”.
¡Por un partido obrero revolucionario!
Como lo demuestra toda la historia del movimiento obrero, ninguna generación aislada de militantes obreros puede, por sí sola, acumular en carne propia la experiencia suficiente para construir una política propia plenamente desarrollada, y por muy combativa que sea su conciencia espontánea no cuestionará el dominio social de la burguesía y necesariamente tenderá a buscar su complemento político en uno u otro partido capitalista.
Es urgentemente necesario que los obreros más avanzados y los intelectuales radicalizados dispuestos a tomar el lado del proletariado sobre la base de un programa marxista se organicen como tendencia independiente y disciplinada, es decir, como partido. Sólo así podrán combatir al colaboracionismo de clases, al nacionalismo y a todos los demás medios ideológicos con los que la clase dominante encadena y desarma al proletariado. Sólo el marxismo, que encarna la combinación de la más alta cultura de la humanidad con la experiencia de más de un siglo de lucha en el movimiento obrero, puede armar al proletariado con la capacidad de defender sus intereses históricos en el plano político. Por eso, hablar de independencia política de la clase obrera implica necesariamente hablar de forjar un partido obrero revolucionario.
Por ahora, las ilusiones en el burgués López Obrador son dominantes en las conciencias de las masas en lucha, incluyendo a la clase obrera, y mientras eso siga así, por masiva que sea su movilización, estarán condenadas a mantenerse dentro de los marcos estériles de una gigantesca campaña electoral. Sabemos que hoy en día nuestra política revolucionaria no será la más popular en el movimiento de masas, pero cuando en un futuro no tan lejano las masas obreras mexicanas, en lucha por sus propios intereses, encuentren frente a ellas la oposición clasista del PRD burgués y empiecen a considerar alternativas de izquierda, los obreros más conscientes recordarán quiénes defendieron sus derechos democráticos básicos cuando la derecha los tenía bajo ataque en 2005, pero también y sobre todo quiénes se atrevieron a denunciar la naturaleza reaccionaria de López Obrador cuando éste estaba en la cima de su popularidad. Por eso hoy invitamos a los jóvenes y a los trabajadores izquierdistas más conscientes a que consideren seriamente estos argumentos y a que se unan a la lucha del Grupo Espartaquista por construir un partido obrero y revolucionario.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/24/amlo.html
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